En el 2018 se espera que un impresionante número de votantes, alrededor de 350 millones de personas, acudan a las casillas de votación en Brasil, Colombia, México, Venezuela, Costa Rica y Paraguay para escoger nuevos presidentes y, en varios casos, nuevos cuerpos legislativos y ejecutivos en lo local. Existen al menos tres temas que vale la pena seguir durante estos seis procesos electorales, a saber:
Impunidad, sistemas anticorrupción y rendición de cuentas
El tema más sonado en América Latina durante el 2017 fue el de impunidad. La opacidad política que plagó nuestra región en años recientes se puede resumir con el infame caso de la empresa Odebrecht, que según el Departamento de Justicia de EE.UU., ha sobornado a funcionarios públicos de 12 países para obtener contratos de desarrollo.
En Guatemala, las recientes movilizaciones públicas en torno al #PactoDeCorruptos desestabilizaron el nuevo gobierno de Morales, al ser acusado por la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y el Ministerio Público de financiamiento ilícito durante su campaña. Demostrando con ello el descontento y capacidad de movilización que el tema tiene en la población.
Quizás el más paradigmático de los casos anticorrupción es el que resultó en la destitución de Rousseff en Brasil. Aunado a una pobre respuesta a las demandas sociales, los brasileños hoy tienen quizás al cuerpo legislativo más corrupto de la región. El 60% del Congreso de Brasil enfrentan cargos por corrupción, tráfico de influencias, soborno, secuestro, homicidio, lavado de dinero y deforestación ilegal. No sorprende que el ejecutivo tenga una aprobación de alrededor de 3% de la población.
En México, la actual legislatura cuenta con 15 diputados que han estado involucrados en procesos penales, 12 señalados por corrupción y ocho tienen denuncias por presuntos nexos con el crimen. También, ocho han sido acusados de presunto enriquecimiento ilícito y a 21 se les ha señalado de uso indebido del cargo. El gobierno está plagado de escándalos de corrupción. Así lo demostró este lunes el gobernador de Chihuahua, Javier Corral. También lo hizo en su momento Animal Político con la investigación de ‘La Estafa Maestra’.
El discurso que logren articular los candidatos de la región para liderar nuevas administraciones transparentes y que rindan cuentas serán no sólo clave en el proceso electoral, sino en comenzar a construir un nuevo sistema político en el que los ciudadanos latinoamericanos podamos creer.
Nuevo paradigma de seguridad y política de drogas
La disputa por el nuevo paradigma de seguridad es uno de los temas más calientes en la agenda regional. Apetece pensar que fue en un pasado distante cuando dictadores como Augusto Pinochet o Jorge Rafael Videla mandataban desde sus cuarteles a sus ejércitos para coartar la libertad de sus ciudadanos. Incluso la historia reciente de conservadores como Felipe Calderón o Álvaro Uribe, con sus políticas militares de “mano dura”, parecen ya lejanas.
Sin embargo, el gobierno golpista de Temer, la muleta militar de Maduro para conservar el poder en Venezuela y la reciente aprobación de una ley de “seguridad interior” en México nos hacen recordar que nuestra región sigue siendo la más violenta del mundo. Casi 4 de cada 10 homicidios del planeta suceden en América Latina. El paradigma actual de seguridad (la represión, el prohibicionismo y el militarismo) no han hecho sino exacerbar la violencia.
La nueva amenaza conservadora que representan Iván Duque en Colombia, José Antonio Meade y Margarita Zavala en México o Jair Bolsonaro en Brasil, son apenas muestras de los discursos que pretenden sofocar la reivindicación por la paz y la libertad. Por el contrario, voces que buscan impulsar procesos de desarme, pacificación y amnistía son ya fuertemente criticadas en El Salvador y en México. El reto se mantiene en convencer a los electorados que el ojo por ojo nos dejará a todos ciegos.
En Colombia, los comicios serán sin duda decisivos para el futuro de los acuerdos de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y la construcción de un acuerdo con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), aún en proceso. La participación de algunos exguerrilleros a través de Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (con el mismo acrónimo de FARC), da sin duda una connotación especial a las elecciones en ese país.
Participación ciudadana y candidatos independientes
Quizás el tema más interesante por seguir en los procesos electorales es el nuevo impulso de participación ciudadana provocado a lo largo de la región por el hartazgo con las cúpulas partidistas y los políticos de siempre. La llamada crisis de representatividad de los partidos ha producido una nueva generación de candidatos ciudadanos a los que vale la pena seguir la pista, y analizar las nuevas narrativas que proponen.
El acometimiento de Gabriel Boric, Giorgio Jackson y muchos otros líderes estudiantiles en Chile es apenas un ejemplo desde el sur del hemisferio. En Brasil, grupos de ciudadanos han optado por organizarse para resolver los principales problemas de Sao Paulo y Río de Janeiro. Hoy luchan para crear mecanismos de acceso al poder por la vía independiente.
En medio de la crisis de narrativas frescas que ilusionen al votante, en Colombia, tras una “ola verde” trunca con Juan Manuel Santos, emociona la posibilidad de un candidato independiente con “perfil ciudadano” como Sergio Fajardo. El éxito de Pedro Kumamoto en México, es quizás el más conocido del país, pero ahí están también los procesos de Armando Ishikawa en Puebla, Susana Ochoa en Jalisco y Roberto Castillo en la CDMX.
Estas iniciativas emocionan porque retan la práctica política y buscan priorizar lo que importa a los ciudadanos, en congruencia con su propuesta electoral. Devolver al centro de la agenda la importancia de acceder al poder para transformar con un agenda en mano es una revolución pacífica necesaria en América Latina. Si de paso nos podemos deshacer de una generación de políticos rancios y corruptos, pues qué mejor.
Cumplir con el valor de la palabra, ofrecer transparencia, rendición de cuentas y nuevos modelos de seguridad ciudadana y justicia: ahí tres temas de vital importancia para nuestras democracias y que tendrán mucho de que hablar en este 2018.
Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.
Acerca de Aram Barra
Internacionalista por la UDLA México y maestro en política y administración pública por New York University y University College London. Actualmente se desempeña como consultor independiente en temas de salud, seguridad y derechos humanos.
La ilustración de Edel Rodríguez se inspiró en la reacción del mandatario estadounidense ante la publicación del libro «Fuego y Furia», de Michael Wolff.
Redacción AN
enero 11, 2018
La nueva portada de la revista TIME, que marca el fin del primer año de Donald Trump en la Casa Blanca, ilustra al presidente con el cabello incendiándose.
La ilustración es del artista cubano-americano Edel Rodríguez quien se inspiró en la reacción del mandatario estadounidense ante la publicación del libro “Fuego y Furia”, del periodista Michael Wolff.
“Recibí un mensaje del director creativo de Time, D.W. Pine y dijo que querían hacer una portada que hiciera referencia a lo que ha estado sucediendo con el libro de Michael Wolff, Fuego y Furia, y también al aniversario de la inauguración, recordando el año pasado”, expuso la revista TIME.
Además, se explica que las llamas en la portada están inspiradas en un pasaje del polémico libro de Wolff, donde el presidente Trump declara que Norcorea “se encontraía con fuego y furia como nunca antes había visto el mundo si continúa amenazando a Estados Unidos”
La portada comienza con un fondo negro y unas cuantas llamas; en segundos, se convierte en una gran flama que da paso a la figura de Trump quien aparece gritando. Enseguida aparece la leyenda “Año uno”.
Al respecto, el ilustrador cuenta que la imagen es una especie de metáfora de un Estados Unidos que pasó de ser un país estable y ahora parece en llamas con las acciones de su presidente.
“Es algo así como este presidente que siempre intentas contener, como un incendio forestal que se mueve de un lugar a otro en todo momento”.
TIME’s new cover: Inside Trump’s tumultuous first year in office http://ti.me/2EwaoYY
Una semana antes de hacer la portada, Rodríguez subió a su cuenta de Twitter su propia idea de cómo debería haber lucido la cubierta del libro de Wolff.
“Pensé que iba a ser para mis amigos en Twitter, como un ejercicio, y es la imagen más retuiteada que he hecho”, relató.
I’ve been asked what I would’ve done with the ‘Fire and Fury’ cover by some folks who think the existing cover design is a disaster and a missed opportunity, so here is what I might have done with it
La cuestión del amor es una construcción histórica, como la cuestión del sujeto y de la sociedad; por lo tanto, cabe plantearse la siguiente pregunta: ¿Cómo es que se presenta la cuestión de las relaciones amorosas en una era tecnologizada?
Reflexión en voz alta…
Castel, en su prefacio titulado “Una gran transformación”, recupera una frase de Valéry: “El cuerpo social pierde muy lentamente su mañana”, una afirmación que en la era mediática podría quedar como “los cuerpos amorosos pierden rápidamente su mañana.”
La postindustrialización acontecida a mitad del siglo XX trajo consigo innumerables transformaciones en cada campo: económico, político, educativo, social, tecnológico, social, humano. Se trata de una transformación que también nos habla de “la manera en que podemos representarnos el porvenir y tener influencia sobre él”, como señala Castel. Sin embargo, la representación y la influencia sobre el “mañana” del amplio y complejo campo social ha sido construida por la política económica, la industria y la tecnología. Esta sociedad de mercantilización y tecnología se articuló a la vieja idea de “a mayor desarrollo económico, mayor perfeccionamiento humano”, una idea de la tan fracasada modernidad, advertencia histórica ante la cual no hay engaño.
En pleno 2017 se ha demostrado que la política económica, la industria y la tecnología han desarrollado las más feroces contradicciones y brechas socioeconómicas, culturales, educativas y humanas. De esta forma, mientras que la justicia social, la responsabilidad y la equidad laboral y educativa han vuelto a entrar en el plano de lo utópico, el pensamiento crítico se ha convertido en el tema de discusión latente. Para comprobarlo, basta con voltear a mirar los deseos que han sido pisoteados por el gran goce mercantilista.
Las generaciones del nuevo siglo han sido ubicadas en situaciones injustas, desfavorables y en descomposición: no todos las y los niños van a la escuela ni las y los jóvenes prosiguen sus estudios; otros se establecen por periodos cortos en los trabajos; otras y otros jóvenes ni estudian, ni trabajan, ni tienen una inquietud: la generación nini, fenónemo que mostró sus luces a inicios del año 2000 en Inglaterra y en Japón. Los “nini” son un grupo de la población que no estudia ni trabaja. Ni estudian, ni trabajan, ni piensan el futuro, ni quieren establecer relaciones. Algunos críticos sociales denominaron a este fenómeno la “crisis juvenil”, lo que representa una dinámica cultural decandente.
En este contexto, las relaciones humanas, sociales y afectivas también van transformándose. Adviene una conformación de ideas basadas en una cotidinianidad de tiempos cortos, efímeros, veloces e intercambiables. Guattari señala que las máquinas construyen sujetos; y la tecnología, hermanada a la política económica, se vuelve una industria de maquilación de subjetividades, lo que abarca la amistad, las relaciones amorosas, el erotismo y el sexo. La producción de la subjetividad está siendo portadora de un individualismo que se articula desde ideas nacionalistas a través de la cultura conservadora del racismo, la guerra, la violencia y con base en el poder de las armas, la tecnología, los medios de comunicación y la industria cultural. En palabras de Guattari, hay una “reterritorialización conservadora de la subjetividad”.[1]
Cada vez se hace más sólida la relación mercado-industria-tecnología; sin embargo, en la actualidad, encontramos un rasgo representativo en la antes mencionada fabricación de los sujetos: el ideal de perfección. Una perfección corporal, afectiva, material y amorosa; y la cuestión de estas esferas subjetivan y maquinizan los cuerpos. La discursividad que emerge de estas esferas en relación al ideal de perfección fabrica un sujeto como objeto y como lema, es decir, como gadgets. Autenticidad, satisfacción, sexualidad, erotismo y amor en su máxima perfección es lo que ofrecen las discursividades web, fabricando así individuos prácticos y conectados a la innovación, pero también listos para desconectarse.
Hay una crisis generalizada que muestra la pobreza, la desigualdad, la injusticia; la crueldad del sistema postindustrial-mercantilista. Esta crisis llega al corazón de aquello conforma a los sujetos: afectos, emociones, pensamientos, placeres, dolores, tristezas, esperanzas y deseos. Habrá que explorar el lado subjetivo: el amor-odio en la época mercantilista, específicamente en el campo de la tecnología que ha devenido en una potente industria tecnológica-sociocultural.
Bauman apunta que en la “modernidad líquida” (término acuñado por él mismo) el amor tiene un desplazamiento hacia la conexión que ofrece la industria tecnológica y la industria cultural. El amor líquido se articula dentro de la dinámica de la conexión-desconexión; dejó de ser una relación, un vínculo, un lazo. Las conexiones amorosas se muestran a la mirada del otro como más accesibles y rápidas para salir, es decir, desconectarse. La conexión “amorosa” permite una cierta flexibilidad y una cierta diversidad de conexiones que, si bien permiten una aparente satisfacción, en realidad nos someten a una dinámica gozosa, esquizoide y dolorosa. Estamos hablando de:
“[…] una cultura de consumo […], partidaria de los productos listos para uso inmediato, las soluciones rápidas, la satisfacción instantánea, los resultados que no requieran esfuerzos prolongados, las recetas infalibles, los seguros contra todo riesgo y las garantías de devolución del dinero. La promesa de aprender el arte de amar es promesa (falsa, engañosa, pero inspiradora del profundo deseo de que resulte verdadera) de lograr “experiencia en el amor” como si se tratara de cualquier otra mercancía […]”.[2]
ZYGMUNT BAUMAN
La conexión “amorosa” no sopesa la vida-muerte, el amor-odio, el fracaso de la relación sexual. Y la conexión termina por crear una red que desquicia a los sujetos. La nueva modalidad de la “experiencia del amor” en línea, a distancia o abierta cumple con la administración de las ganas de experimentar conexiones y desconexiones. De sedar al deseo mediante la solución de velocidad sin pérdida de tiempo, sin compromisos, entre todas y todos como una red. Esta ideologización de las ganas, lo instantáneo, la conexión por la relación y la desconexión es publicitada por lógicas de saberes administrativos, económicos y psicológicos, haciendo más sólida la red conexión-desconexión.
Desde el análisis de Guattari, la producción de la subjetividad se construye a partir de una heterogeneidad de componentes, es decir, que la guerra produce una subjetividad bélica en relación a los medios de comunicación. El internet, facebook, twitter, etc., agencian la producción de la subjetividad.
“Tal evolución máquina no puede ser juzgada ni positiva, ni negativamente; todo depende de lo que llegue a ser su articulación con las conformaciones colectivas de enunciación. Lo mejor es la creación, la invención de nuevos Universos de referencia; lo peor, la masmediatización embrutecedora a la que millones de individuos están hoy condenados […]”.[3]
¿Cómo y qué conformaciones de subjetividades producen estos medios en el campo del amor? Decir que el amor es un campo es sostener que está sobredeterminado por la historia, la filosofía, la economía, la cultura, los sentidos, las emociones, las relaciones, los afectos y el lenguaje.
“De una manera más general, deberá admitirse que cada individuo, cada grupo social vehiculiza su propio sistema de modelización de subjetividad, es decir, una cierta cartografía hecha de puntos de referencia cognitivos, pero también míticos, rituales sintomatológicos, y a partir de la cual cada uno de ellos se posiciona en relación con sus afectos, sus angustias, e intenta administrar sus inhibiciones y pulsiones”.[4]
Desde un recorte del texto de Jarvie C., Bauman señala que un encuentro sexual puede convertirse en una relación importante, la cual puede terminar porque ya no se sostiene o porque “un miembro de la pareja <<sigue comprometido con la relación mientras el otro ansía buscar nuevos campos de pastoreo>>”. Aquí es importante detenerse, ya que el recurso de aplicaciones tecnológicas se convierte en uno de los más potentes campos de pastoreo, es decir, uno de los dos recurre al juego pasional vía facebook o vía sitios web.
Los sitios web más visitados en México son: be2, elitesingles, c-date, second love. Las apps para ligar son: tinder, mi affaire, tastebuds, gatsby, trekkie dating, ayopoligami. Encontramos, del mismo modo, manuales para ligar, manuales para superar una ruptura de pareja y tests para encontrar el amor en línea. El amor, el juego pasional, la seducción aparecen en conexiones-desconexiones.
¿Y qué sucede cuando la mujer o el hombre se dan cuenta de que su pareja vital tiene un coqueteo, un romance, una aventura virtual? ¿Hay traición, engaño, infidelidad?
Quien descubre a su pareja en el “nuevo campo de pastoreo” se entrega a las ganas de jugarse en una aventura, en una conexión o en un coqueteo virtual. Queda herido psíquicamente y, en ese sentido, hay una traición, un engaño, una infidelidad. Lo virtual también engaña lo vital del sujeto: el alma (psique). Y la discordia y la inseguridad toman su lugar en la relación para apresurar su ruina. “[…] las máquinas tecnológicas de información y comunicación operan en el corazón de la subjetividad humana, no únicamente en el seno de sus memorias, de su inteligencia, sino también de su sensibilidad, de sus afectos y de sus fantasmas inconscientes […]”.[5]
Pero la crisis del amor nos impone un trabajo: “la conquista de la capacidad de amar” desde la articulación de la vida-muerte, el amor-odio y el asumir el fracaso de las relaciones sexuales y amorosas. Amor, creación, riesgo, destino, síntoma y estrago indican la creación de un lazo amoroso. La capacidad de amar refiere al asunto del desear a encontrar lo bello en donde nacer y renacer; siguiendo a Diotima, Bauman menciona que “el amor encuentra su sentido en el impulso a participar en la construcción de la cosa bella”.
Cuando se declara el amor, se declara el odio; contraria vital necesaria para el movimiento de la existencia. El amor es a la vez bueno y malo, como el verbo: al hablar se acaricia y se hiere. Pero sólo queda hablar, inscribir-se nombrando-se para honrar el verbo, y esto es amar. “[…] el amor es cosa buena, es la más sublime de las declaraciones […] el verbo se creó […] para decir lo que a uno se le ocurre cuando está en trance de amor […]”.[6]
Hablar y declarar el amor es amar el alma que, creada por contrarios, imperfección y con posibilidad de ampliar su saber, se enaltece en el verbo-praxis. Dos personas, al hablar, cultivan su alma y se acercan a la divinidad. Divinidad al hablar con la palabra propia, la del alma. “[…] el verbo es la esencia de lo humano y la más excelsa de las creaciones divinas”.[7]
EDVARD MUNCH, EYE IN EYE
Bibliografía
Bauman, Zygmunt, Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos, FCE, Argentina, 2005.
Nicol, Eduardo, Formas de hablar sublimes. Poesía y filosofía, UNAM, México, 1990.
Notas
[1] Guattari, Félix, Caosmosis, p. 13. [2] Bauman, Zygmunt, Amor liquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos., p. 22. [3] Guattari, Félix, óp. cit., p. 16. [4]Ibíd., p. 22. [5]Ibíd., pp. 14-15. [6] Nicol, Eduardo, Formas de hablar sublimes. Poesía y filosofía., p. 177. [7]Ibíd., p. 181.
“I know always that I am an outsider;
a stranger in this century and among those who are still men.”
H. P. Lovecraft
La intención de este texto es hacer referencia a la idea de una “post humanidad” que ha estado presente en la ciencia ficción y se materializa de manera última en lo cyborg y el androide, un ser que se encuentra a media vía entre lo humano y lo no humano; lo intervenido, lo que tiene un propósito útil y no debería perderse en el devaneo de elucubraciones filosóficas; la entidad a la que se ha suprimido la facultad de recibir y emitir amor. Esto con el fin de indagar la manera en que este tema abre la puerta a una preocupación de la humanidad sobre sí misma, así como a las implicaciones que podría tener en el futuro la posibilidad de coexistir con dichas entidades.
Se podría citar una veintena de referencias de la ciencia ficción donde se enuncia la idea de una “post humanidad”: seres intervenidos en una u otra forma por dispositivos tecnológicos que modifican su relación con los otros –es decir, quienes gozan del privilegio de la humanidad– y con ellos mismos respecto de esa otredad.
Grandes clásicos del cine y la literatura tienen como eje de sus tramas la idea de sujetos que encarnan el conflicto de no pertenecer; entidades cuasi humanas o despojadas por completo de su humanidad que comienzan a preguntarse en dónde reside su valor como sujetos si son “lo otro”.
Entonces trasladamos el drama que implica sabernos vivos y arrojados en el mundo a seres que no necesariamente poseen una vida (tal como ésta se ha entendido hasta ahora); se despliega HAL 9000 de Odisea del espacio; “V” de V for vendetta; los replicantes de Blade Runner; los extraños de Ciudad en Tinieblas; los androides de Prometeus y Alien: Covenant; Ava de Ex Machina; los cultivos humanos de Un mundo feliz; el hombre bicentenario, Motoko Kusanagi de Ghost in the Shell, y algunos protagonistas de las historias de Lovecraft. La lista puede extenderse aún más, dejándonos ver una idea que se ha ido modificando a lo largo de diversas producciones culturales, pero que deja entrever una preocupación filosófica que atañe a la condición misma de lo humano.
Con la modernidad, parecía enunciarse una idea acabada de lo que es humano, por eso resultó después interesante traer a cuenta la posibilidad que brinda la novela Frankenstein o El moderno Prometeo, de la escritora inglesa Mary Shelley, –relato al que por cierto se hacen fuertes guiños en Blade Runner, 2001 Odisea del Espacio y Prometeus– y que es considerada la primera novela moderna de ciencia ficción. En ella, la creación adquiere una consciencia de su monstruosidad post humana y se propone destruir a su creador: el Dr. Frankenstein. Se dice que se puede ser monstruo por exceso o por defecto de un atributo, en este caso, el atributo es la humanidad y lo que pareciera ser una monstruosidad por defecto podría revelarse como una por exceso en los textos y filmes que se han mencionado, lo cual desencadena una potencial tragedia.
Pero aquí, mas que centrarnos en el campo de estudio de la teratología, la “anomalía” excede sus límites físicos hasta trascender a las raíces ontológicas del horror que produce lo que es próximo y distante al mismo tiempo, como un maniquí o una muñeca, que poseen expresión humana, pero están desprovistos de un espectro de emociones y, por eso, producen miedo a muchas personas. Son incluso tema recurrente en filmes de terror.
ESCENA DE PROMETEO
Sin embargo, aquí la posibilidad inquietante es que, contrario a su finalidad primaria, estas creaciones proto humanas cuenten con atributos comúnmente asociados a la humanidad: consciencia, emociones, moral, pertenencia, sacrificio y, lo más inquietante, la posibilidad no sólo de recibir, sino de sentir amor, ya sea por entidades de su mismo tipo o incluso por entidades humanas. Este tema ha sido explorado de manera más o menos amplia en los filmes mencionados, por lo que es conveniente revisar algunos casos más adelante.
Otra cuestión importante al hablar de las representaciones de lo post humano es la repetición. En la ciencia ficción, los androides cuentan, por lo general, con atributos situados socio históricamente, pero también se les representa con atributos ”perennes”. En varios filmes y novelas se les asocia a un género, una situación económica, una postura política y una condición moral, las cuales son extraídas nada más y nada menos que de las sociedades donde son creados. No representa lo mismo María de Metrópolis (1927) que Ava de Ex Machina(2015), pero hay constantes significativas que no se pueden obviar, como el que ambas están sexuadas.
El manifiesto cyborg
Para comenzar a explicar los tópicos centrales de este texto, resulta conveniente recurrir a la académica estadounidense Donna Haraway, quien en su Manifiesto cyborg condensa parte de las inquietudes planteadas con anterioridad:
“El cyborg es un organismo cibernético, un híbrido de máquina y organismo, una criatura de realidad social y también de ficción (…) La ciencia ficción contemporánea está llena de ciborgs –criaturas que son simultáneamente animal y máquina, que viven en mundos ambiguamente naturales y artificiales. La medicina moderna está asimismo llena de ciborgs, de acoplamientos entre organismo y máquina, cada uno de ellos concebido como un objeto codificado, en una intimidad y con un poder que no existían en la historia de la sexualidad. El ’sexo’ del ciborg restaura algo del hermoso barroquismo reproductor de los heléchos e invertebrados (magníficos profilácticos orgánicos contra la heterosexualidad). Su reproducción orgánica no precisa acoplamiento”.[1]
En el Manifiesto cyborg, una de las premisas consiste en erradicar el género, la idea del cyborg es un ser que fusiona a la máquina con lo humano y que no necesita de distinciones, la pregunta aquí es: ¿qué necesidad hay de que las creaciones post humanas, reproduzcan la categorización binaria del género que ha prevalecido a través de la historia?
¿Es acaso un mecanismo para mitigar la angustia que puede producir a la humanidad lo no binario?
El Prometeo moderno
Para explorar parte de estas cuestiones, se traen a cuenta los filmes Blade Runner (1982) y Blade Runner2049(2017). El segundo dirigido por Denis Villeneuve; el primero, por el director británico Ridley Scott, gran referente de la ciencia ficción cinematográfica, quien también da cabida al tema de la relación entre cyborg y emocionalidad en otros filmes como Prometeus (2012) y Alien: Covenant (2017); en efecto, la premisa de estos cuatro filmes tiene una arista en común: la noción del Prometeo moderno, planteada por Mary Shelley. Dicha figura, tras enrolarse en una discusión interna sobre su ser y sus emociones, termina por masacrar –aplastando la cabeza– a su desventurado creador, ya sea Frankenstein, Tyrell o Wayland.
DECKARD EN BLADE RUNNER
Con su estética film noir y cyberpunk que crea escuela en producciones fílmicas posteriores, Blade Runnerresulta en ocasiones más fiel a la novela negra que a una prospectiva del mundo futuro en donde los valores que prevalecen en la mayoría de las sociedades occidentales contemporáneas hayan sido superados. Sus protagonistas convergen en un Los Ángeles distópico, donde las luces de neón y la sobrepoblación inundan los decadentes y húmedos espacios urbanos.
La historia empieza con Deckard, un caza replicantes contratado para aniquilar modelos Nexus-6 que han salido de control, es decir, ejemplares problemáticos como Roy Batty, el comando que termina asesinando a su creador; Zhora, que es una trabajadora sexual, y Pris, un “modelo básico de placer”. En 1982 quizás no supondrían que 35 años después la existencia de androides como modelos de placer no resultaría algo descabellado, incluso que ya existirían ejemplares destinados a esos fines para quienes pudieran costearlos.
Modelos de amor y de placer
Someter a un androide a una función sexual para complacer seres humanos –típicamente hombres– es un tema recurrente en la ciencia ficción. Así como Zhora, Pris y el modelo Joi en Blade runner 2049, podemos encontrar casos similares en la saga Ghost in the Shell, donde se da una serie de asesinatos y suicidios por parte de robots destinados al entretenimiento sexual. Lo mismo sucede en el film Ex machina (2015), donde el creador de los androides, una especie de Elon Musk ficticio, al desarrollarles, les dota de un género –el femenino–, así como de características deseables en lo femenino, es decir, belleza, obediencia, delicadeza. Al final, esta historia sigue recreando el mito del Prometeo moderno, y las androides entran en la crisis que les lleva a despreciar su función y a desestabilizar el orden.
Sin embargo, usar un androide para satisfacer sexualmente a un ser humano no suena ni la décima parte de inquietante como que el androide se convierta en depositario de emociones profundas por parte de éste, de su amor. Esta posibilidad, que queda latente en Blade Runner con la relación amorosa entre la replicante Rachel y el humano Deckard, se desarrolla y complejiza en Blade Runner 2049. En la siguiente entrega de la saga, la posibilidad de que estos personajes hayan procreado un hijo/hija y las implicaciones prácticas y filosóficas de este hecho es el tema central del filme.
ESCENA DE BLADE RUNNER 2049
A partir de ahora el problema ya no se centra en que un dispositivo tecnológico pueda ser el medio para canalizar emociones y pulsiones, como ha sido hasta hoy. Es decir, en la actualidad, la tecnología es un elemento importante para gestionar emociones, pero nunca deja de ser lo intermediario; es el medio, nunca el fin. Hoy en día se usan aplicaciones para vincularse emocional y/o sexualmente con otra persona, pero la aplicación no es el depositario donde se pudieran “verter” las emociones; por eso el planteamiento que se hace en las dos entregas de Blade Runner podría resultar escandaloso si se diera en el actual panorama social, ya que lo androide y lo cyborg dejarían de ser el canal para ser el depositario de las afectividades humanas.
Se puede encontrar otro ejemplo en el film Blade Runner 2049, en el que uno de los protagonistas, K –no sabemos si en referencia a Kafka–, replicante y, a la vez, blade runner, comparte su vida doméstica con su pareja, un holograma llamado Joi que es producido en masa para un público como él. Joi está no sólo generizada, sino sexualizada. Posee las características que se asocian a lo deseable en lo femenino, pero no en los mismos términos que las prostitutas replicantes, pues Joi está configurada para cumplir los deseos de estabilidad y amor que pudiera tener un hombre y adecuarlos a lo que él quiera. El nombre mismo Joi (Joy) debe hacer referencia a su traducción del inglés, alegría, regocijo, júbilo, placer.
En los filmes de Scott, los androides reproducen todo el entramado de diferenciaciones que las culturas occidentales suelen asignar a los hombres y las mujeres, dejando incluso la posibilidad de que haya entidades androides que no se adscriban a esa categorización binaria, al menos en el panorama que se muestra en los filmes no aparecen androides que no puedan ser categorizados binariamente. Entonces ¿qué función podría cumplir en un mundo distópico la hetero normatividad en lo androide?, ¿por qué no escapa lo androide del mandato hetero normativo en la ciencia ficción?
“¿Por qué el hecho de que dos replicantes (Deckard y Rachael de la primera Blade Runner) hayan formado una pareja sexual y creado un ser humano a la manera humana es experimentado como un hecho traumático, celebrado por unos como un milagro y censurado por otros como una amenaza? ¿Se debe a la reproducción o al sexo, es decir, a la sexualidad en su forma específicamente humana? La imagen de la sexualidad en el filme es convencional: el acto sexual se presenta desde la perspectiva masculina, de modo que la mujer androide de carne y hueso es reducida a soporte material del holograma mujer-fantasía Joi, creado para servir al hombre. El filme simplemente extrapola la tendencia, ya en auge, de las cada vez más perfectas muñecas de silicón”.[2]
El caso de K[3] resulta particularmente interesante porque él tampoco es un ser humano, y Joi, su pareja, posee aún “menos” humanidad que él al ser sólo un holograma, una entidad poseedora de emociones, pero desprovista de la materialidad necesaria para consumarlas. Sin embargo, ambos se enrolan en una intensa relación que trasciende lo sexual y se centra en una emocionalidad establecida a partir de algo que no termina de estructurarse: la humanidad de ambos; no obstante, los dos, en distintas partes de la trama, son capaces de un acto eminentemente humano: el sacrificio, debidamente impregnado de amor, entonces ¿en dónde reside la cualidad humana si los androides y hologramas pueden ejercer y gestionar tales emociones?
JOI EN BLADE RUNNER 2049
Después de explorar la noción de arrebatar el poder de dios y trasladarlo a la humanidad (lo que cimentó la ciencia ficción clásica), llegamos al arrebato del poder humano para trasladarlo a la máquina. En ambos casos está la posibilidad latente de despojar al creador y masacrarlo o, al menos, desestabilizar sus “certezas ontológicas”.
La preocupación de la humanidad por ser expulsada del encumbrado sitio que se confirió con la modernidad está presente en un sin fin de producciones fílmicas y literarias, con justa razón esta inquietante posibilidad se ha explorado hasta la saciedad. Hay algo en la opresión de lo androide, situándole como la otredad, que ha interpelado a la humanidad y que le sigue perturbando, especialmente la posibilidad (lejana o no) de que, en efecto, lo cyborg de paso a la existencia de androides que suplanten las funciones que hoy en día llevan a cabo seres humanos, como trabajar, razonar… amar.
Si aún hoy después de la larga trayectoria de luchas sociales sigue resultando polémico para ciertos sectores que se legalice y/o legitime el amor entre personas humanas del mismo sexo, no me resulta difícil imaginar el tipo de discusiones que podrían suscitarse en torno a la posibilidad de amar un “artefacto”. Más allá de tomar partido sobre este tema, considero que resultaría un desafío importante para la humanidad en el entendimiento de sí misma, pensar en la existencia de sujetos post humanos que supongan un embate para una de la pocas certezas de las que gozamos hoy en día: el reconocer qué es humano y qué no.
Esto abriría la discusión sobre cuáles cuerpos/dispositivos son sujetos de recibir y construir afectividades, discusiones que no son lejanas, porque incluso entre la misma humanidad hay una cadena de opresiones finamente estructurada y, en estos términos, puede resultar hasta banal llevar la preocupación a lo androide, sin antes haber abordado cabalmente lo humano.
Sin embargo, cabe preguntarnos si no sentimos una inquietante, pero conmovedora emoción al escuchar cantar a Hal 9000, cada vez de manera más disonante, “There is a flower whitin my heart, Daisy, Daisy! Planted one day by a glancing dart” mientras “moría”, mientras su avispada inteligencia cumplía –contra su voluntad– su función de subyugarse a lo humano y no consumar, al menos esta vez, el recurrente mito del Prometeo moderno.
ESCENA DE 2001: A SPACE ODYSSEY
Bibliografía
Álvarez, C., Monstruos y grotescos: Aproximaciones desde la literatura y la filosofía, Aldus Universidad Autónoma del Estado de México, México, 2015.
Haraway, D., Manifiesto cyborg, El sueño irónico de un lenguaje común para las mujeres en el circuito integrado, 1984.
[1] Haraway, D., Manifiesto cyborg, El sueño irónico de un lenguaje común para las mujeres en el circuito integrado, 1984. [2] Žižek, S. (2017) Una vista del capitalismo post humano consultado en: https://www.latempestad.mx/capitalismo-zizek/ el 04/12/2017 [3] Personaje de Blade Runner 2049 mencionado anteriormente.
Este artículo parte de una reflexión sobre la naturaleza de las relaciones interpersonales en el siglo XXI. Utilizando el ejemplo de Tinder, se analiza el papel de las nuevas tecnologías y la fragilidad de los vínculos humanos en el contexto de este nuevo metarrelato, catalogado por Zygmunt Bauman como “modernidad líquida” o “segunda modernidad” por Ulrich Beck.
Me parece buena idea comenzar con una cita delran filósofo y sociólogo polaco Zygmunt Bauman: “[..] el amor es la supervivencia del yo a través de la alteridad del yo”.[1]
Querido lector: no pretendo (o ¿quizás sí? Júzguelo mejor usted mismo) hablarle del amor ni de lo bonito que es, ni de lo odioso que puede llegar a ser, ni de los dolores de cabeza que trae o de los que a veces quita. Quiero hablarle de la falta de emociones, del descalabro de las relaciones conocidas como “normales” (sólidas, diría Bauman), de la falta de compromiso, del individualismo extremo, del “todo vale”, de cómo se escurre el amor en este renacimiento de los “tiempos modernos” como se escurren los relojes de Dalí en las fauces del tiempo.
La sociedad actual nos ha transformado en máquinas expendedoras de sentimientos, en objetos para ser expuestos, consumidos, usados y luego tirados. Los jóvenes nos hemos convertido en precariado emocional. Y lo peor es que está de moda, es trendy, como dirían los más “hípsters”. Y no hablo sólo de las relaciones interpersonales, sino del amor al prójimo, tan olvidado hoy en día. En general, nuestro individualismo y desapego, a menudo confundido con racionalidad, nos ha vuelto sordos y mudos frente al sufrimiento ajeno. Estoy cansada de indignarme por las miles de injusticias que veo todos los días en la prensa y de recibir contestaciones de mi entorno como “Tú no te hagas la heroína”, “Tú cuida de ti, que de los demás ya cuidarán otros”, “Aunque tú hagas equis cosa, no vas a resolver el hambre en el mundo”. Claro, es mucho más fácil apartar la mirada, aislarse, centrarse en uno mismo y seguir uno su camino con una venda ante los ojos, pero si todos hiciéramos esto, la sociedad nunca cambiaría.
Esa sociedad irrefrenablemente consumista que hemos ido construyendo desde los años 20 nos está pasando factura. En mi opinión, es la segunda modernidad lo que nos ha convertido en esta clase de personas, y esta modernidad está influida y moldeada por múltiples procesos, entre ellos, el consumismo. Y, por supuesto, inmensamente influida también por la explosión tecnológica de las últimas décadas. Es esta misma tecnología la que nos hace caer en la trampa fácil de lo consumible, del amor reflectante de una pantalla, de lo breve, del “amor Nesquik” (instantáneo). El mejor ejemplo es Tinder, del que más adelante hablaré. Sin embargo, antes de continuar, será mejor explicar ciertos conceptos que debemos tener claros.
¿Qué entendemos por “líquido”, por modernidad líquida, por segunda modernidad? Si bien el líquido hace referencia al estado físico de una sustancia, la misma palabra es una metáfora o, mejor dicho, un símil de la realidad actual.
Hasta hace aproximadamente dos generaciones la realidad social era sólida en España, pero luego, en cuestión de pocos lustros, todo se derritió; nos modernizamos, nos abrimos al mundo. Después entramos en la UE y, poco a poco, nuestra sociedad se fue disolviendo. Las seguridades que antes teníamos desaparecieron, ciertas maneras de pensar se empezaron a extinguir; entramos en la segunda modernidad, en la modernidad líquida. Mi abuelo supo que durante toda su vida se dedicaría a lo mismo, a llevar inmigrantes españoles a Alemania; supo que viviría toda su vida en la cuenca minera asturiana y supo, hasta el día en que murió, que siempre estaría con mi abuela. Sin embargo, yo no sé dónde estaré el año que viene. No sé qué deparará el futuro. No sé dónde trabajaré, ni sé dónde viviré y menos todavía quién será mi esposo.
A esto nos referimos con que todo ha pasado de ser sólido a ser líquido; ya no existen las seguridades de ningún tipo. Concretamente, el concepto de “modernidad líquida” fue acuñado por Bauman, en contraposición a lo que se entiende como modernidad sólida. Para Bauman, “modernidad líquida” hace referencia a la sociedad actual, carente de cimientos fuertes que soporten los embates del tiempo. Las referencias obligadas que aclaran este concepto nos remiten siempre a los viejos tiempos, en los que el contrato civil del matrimonio era eterno e inquebrantable, y el trabajo, estable y duradero.[2]
Tal y como yo lo entiendo, a esto se refería Ulrick Beck cuando hablaba de la primera y segunda modernidad, de este gran cambio en el metarrelato, cuya condición líquida lleva consigo la disolución y el cambio de las sociedades tal y como las hemos conocido siempre (en términos étnicos, culturales y también en términos del sistema. Nuestras identidades personales, socioculturales y políticas han cambiado mucho). El mayor producto (o ¿productor?)[3] de esta liquidez y segunda modernidad es la globalización, y Beck habla largo y tendido de ella en su libro ¿Qué es la Globalización?, pero ese es otro tema en el que no podemos centrarnos ahora.
Volviendo a las relaciones afectivas, se podría decir que antes se nadaba, mientras que ahora sólo fluimos. Por eso, especialmente hoy en día, son tan complicadas las relaciones: porque algunos de nosotros parecemos salidos de la primera modernidad, y… eso no es trendy. Es este cambio de nuestras sociedades lo que nos permite hablar del concepto de amor líquido. Vivimos en la sociedad del “todo vale”, del “es sólo temporal” y esto se ve directamente reflejado en las relaciones afectivas, en cómo surgen, se construyen y se destruyen, con la facilidad con la que se moldea la plastilina. Tres características muy significativas y propias de esta nueva modernidad que han afectado la manera en que nos relacionamos y construimos nuestras relaciones afectivas son: el consumismo, el individualismo y la instantaneidad.
Pensemos, por ejemplo, en los planteamientos de Samuel Huntington. Él, a diferencia de Fukuyama, no creía en el fin de la historia, sino en el cambio de metarrelato, en el cambio de actores. Es muy interesante, leyendo a Huntington, mencionar lo que él llama, citando a George Weigel, la “des-secularización del mundo”. Cuando hablamos de “des-secularización”, nos referimos a uno de los hechos sociales dominantes de la vida de finales del siglo XX.[4] Uno de los factores clave en este proceso es la pérdida del Estado-nación como fuente de identidad en un mundo globalizado. Las diferencias entre civilizaciones son notables y variadas, pero probablemente la mayor de ellas, es la religión; por tanto, ante la pérdida de las identidades regionales y nacionales, surgen otros mecanismos identitarios vinculados a la religión. En gran parte del mundo el hueco proporcionado por la pérdida de la identidad del Estado-nación, está siendo sustituido por lo que se conoce como “fundamentalismos”, que proporcionan una base de identidad y compromiso que trasciende fronteras nacionales y une civilizaciones.[5] Se puede decir que estamos ante un fenómeno muy actual, fruto de la creciente globalización; por eso no es de extrañar que las personas más activas de estos movimientos sean jóvenes, la mayoría de estos, además, con educación superior.
En mi opinión, es un ejemplo claro de cómo se produce una reacción ante la extremada fluidez y licuefacción de la sociedad que vivimos. Cuando nos sentimos amenazados, nos protegemos, volvemos a casa; volvemos a las raíces, que es lo que está ocurriendo ahora. Extrapolando este fenómeno cultural al campo de las relaciones afectivas, podemos observar que está ocurriendo algo similar. Vemos este ejemplo, ni más ni menos, que en varias influencers (o “marketing influyentes”) españolas, quienes, a través de la red, tienen credibilidad y peso sobre determinados sectores. Podríamos pensar en Laura Escanes o Grace Villareal. La primera se casó con 21 años recién cumplidos y la segunda con 20. Personalmente, interpreto esto como una reacción a la extrema fluidez de la segunda modernidad.
Volvamos a las tres características mencionadas anteriormente respecto a las relaciones afectivas (el consumismo, el individualismo y la instantaneidad). En primer lugar, ¿por qué hablo de consumismo? Porque hoy en día las relaciones se parecen mucho a irse de compras (como es el caso de Tinder, que explicaré más adelante). Nos hemos convertido en mercancía, y nuestro valor ya no depende enteramente de nosotros, sino del que nos dan los demás (en el caso de Tinder, la cantidad de matches; en el caso de Instagram, la cantidad de likes; etc.). Por lo tanto, en lugar de conferirnos este valor nosotros mismos, a través de la verdadera realidad, nos construimos un perfil virtual, bello, bonito y barato. Ante todo, un perfil que venda bien, que nos venda bien.[6] Personalmente, hay ciertas prácticas que me ponen de los nervios y me parecen tan ridículas que, aunque lo intente, no puedo evitar juzgar el nivel intelectual de las personas que las practican. Por ejemplo, visto con mis propios ojos, el pie de foto de las imágenes de Instagram y la hora de subida.
La semana pasada paseaba yo por Madrid, haciendo turismo con una amiga extranjera; en lugar de disfrutar de la ciudad y de observar lo que había a su alrededor, mi amiga se dedicó durante más de media hora a mirar su móvil, mientras iba pensando qué pie de foto podía escribir que le diera más likes (porque claro, ¡cómo iba a esperar a otro momento, si en su país ya era la hora perfecta para subir la foto!). Estas prácticas son sólo pequeños detalles que revelan hasta qué extremos hemos llegado. Otro ejemplo: estaba tomándome un vino con esta misma amiga y otra chica, y cuál no sería mi sorpresa cuando en un determinado momento regresé del baño y me las encontré a las dos haciendo tindering (que es como se llama en inglés el acto de usar Tinder mientras esperas un posible match). Yo, asombrada, le pregunté a mi amiga que por qué estaba haciendo tindering si en tres días en Madrid no iba a tener tiempo de quedar con nadie, y me contestó “because it’s fun, it’s like going shopping” (o sea: “Porque es divertido, como irse de compras”). Esto me hizo pensar y de nuevo comprobar que ya no somos personas, sino mercancías. Este ejemplo me da pie para hablar de la segunda característica, el individualismo.
Progresivamente, estamos retrayéndonos en nosotros mismos y dejando de observar la realidad que nos rodea. Vemos las realidades a través de una pantalla y esto es preocupante no sólo a nivel de las relaciones afectivas, sino a nivel general. Nuestra falta de amor al prójimo sobre la que hablaba al principio, proviene de este fenómeno. Nos hemos acostumbrado a percibir las realidades de manera fácil, rápida y sencilla, a través de un display artificial, de una app que, además, filtra nuestras preferencias; todo debe estar personalizado y adaptado al gusto del consumidor. Esto nos hace, primero, ignorantes de muchas otras realidades que ocurren en el mundo, ya que sólo vemos nuestras “preferencias”.
Por otro lado, vemos estas realidades según nos las cuentan, pues toda la información, todo lo que nos llega, está en cierto modo manipulado, ya que nada ni nadie está exento de ideología. El mero hecho de que un acontecimiento o noticia lo cuente una persona u otra, un cierto medio u otro, ya los mancha; mancha su esencia, y mancha la realidad. La única manera de conocer algo tal y como se ha producido es experimentarlo uno mismo. El caso es que, de un modo u otro, esta espiral nos ha vuelto ciegos y sordos al dolor ajeno. El amor al prójimo —y a Dios— han muerto, y nosotros los hemos matado. Es paradójico cómo algo que debería hacernos más conscientes del dolor ajeno a nivel global, y facilitar las relaciones afectivas en la distancia (cada vez más comunes en esta época), causa más ceguera y desapego de lo que en principio podríamos pensar.
Por último, la instantaneidad, la cual está estrechamente ligada al factor del consumismo. Cuanto más instantáneo sea un bien o un servicio, más se consume, y —normalmente— menor es su calidad. Erróneamente, hemos comenzado a identificar lo rápido o lo instantáneo con lo productivo y, en último término, con algo que es “bueno”; sin embargo, no todo lo productivo es bueno, puesto que hay cosas que simplemente no caben en dicha categoría. Las cosas demasiado instantáneas, al igual que las dietas milagro, son efectivas y rápidas, pero el efecto yoyó no te lo quita nadie, y el “rebote”, cuando se produce, te deja peor de lo que estabas, como Tinder. La instantaneidad en las relaciones afectivas es la peor medicina para la soledad y la tristeza, como ir de compras, que es muy entretenido mientras estás obnubilado con la música y los maravillosos artículos en oferta, pero que cuando llegas a casa te provocan una sensación de vacío. Lo que rápido se consigue, rápido se pierde.
Pasemos ahora a explicar qué es Tinder y cómo funciona.
Tinder es una aplicación móvil gratuita que salió al mercado en 2012 y que desde entonces se ha vuelto progresivamente más popular y socialmente aceptada. ¿Cómo podríamos definirla? Quizás el término adecuado sería “citas online exprés” o algo por el estilo. El objetivo es lograr matches o “contactos” (establecer un matches establecer un posible “contacto exitoso”). El sistema funciona de manera bastante simple. Primero, se debe crear un perfil con varias fotos. Casi siempre, este perfil es conectado a la cuenta de Facebook del usuario, lo cual ayuda también a la hora de sugerir posibles “matches”. Una vez creado el perfil, este utiliza la localización del usuario para mostrarle y sugerirle perfiles cercanos (se puede ajustar el radio de distancia; por ejemplo, ver sólo perfiles que estén a un máximo de 4 km. Y también se puede ajustar el rango de edad que el usuario desee).
Estos perfiles se van sucediendo en la pantalla uno detrás de otro, y el usuario debe arrastrar la foto hacia la derecha o la izquierda, según le interese el perfil o no. Si se da el caso de que dos usuarios se hagan mutuamente swipe right (el hecho de deslizar la foto de la otra persona hacia la derecha), entonces se desbloquea un chat (es decir, se da un match, y se establece contacto) y se puede pasar a hablar con la persona seleccionada. Como vemos, es un sistema rápido, sencillo y productivo. Nada de pasarse horas y horas en una página web de citas, rellenando una infinidad de preguntas personales. Tinder es menos comprometido; requiere menos tiempo, menos esfuerzo, y el usuario está menos expuesto… Todas estas características están relacionadas con lo ya mencionado; ante todo, productividad, rapidez, facilidad… Tinder se ha hecho tan popular que incluso podríamos afirmar que ya no es un simple medio para conocer a una potencial pareja, sino que se ha convertido en una red social más (de mayor o menor difusión, dependiendo del país o la ciudad de los que se trate).
Entonces, ¿cuál es el fin de Tinder? ¿Conocer gente nueva en una nueva ciudad? ¿Conseguir pareja? ¿Tener encuentros casuales? La conclusión a la que he llegado, tras estudiar el funcionamiento de esta red y preguntar a algunas personas de mi círculo más cercano que son o han sido usuarias de Tinder, es la siguiente: quizás esta aplicación comenzara con un objetivo concreto y un nicho de mercado muy específico, pero su popularización —especialmente entre los millenials— ha hecho que su uso y objetivos se diversifiquen: desde buscar amistades, tras mudarse a vivir a una ciudad nueva, hasta localizar gente con intereses similares o que se encuentre en situaciones parecidas (por ejemplo, dos personas que estén de viaje durante unas semanas en la misma ciudad y quieran conocer el lugar acompañados de alguien más). De todos modos, su uso preferente sigue siendo el de mantener relaciones casuales y rápidas, exentas de compromiso.
Otra pregunta que viene a mi mente al pensar en esta aplicación es por qué Tinder triunfa más en las grandes ciudades como París o en países como Estados Unidos. ¿Está quizás unido al estilo de vida o al nivel de consumismo o educación de una sociedad? Una buena amiga mía tiene Tinder desde hace más de tres años, ya que su vida le requiere estar cada año en una ciudad diferente. Me ha hablado de Tinder y de su uso distinto en las ciudades en las que ha estado y en los diversos países. Me parece muy interesante el caso de París, en contraposición con el de Madrid. Según ella, en París todos los millenials tienen Tinder. Es algo tan común como tener Facebook, y no lleva consigo ninguna connotación específica. Es sólo una red social más. Sin embargo, en Madrid no tanta gente usa Tinder y, además, el hecho de tenerlo sí supone cierto tipo de connotaciones, ya que no es tan normal o no está tan normalizado. Tras pensar en las razones por las cuales ocurre esto, he concluido que quizá tenga que ver con el modo de vida. En España, en Madrid, la vida es más “tranquila”, la vida no va tan “rápido”.[7] Estamos, de alguna manera, en otra frecuencia… no sabría cómo explicarlo, pero en Madrid quedan aún vestigios del mundo “antiguo”, y ciertas resistencias al modo de vida de la segunda modernidad, un way of life autóctono[8] que los españoles nos preocupamos mucho por defender y que espero que nunca muera, ya que en un mundo progresivamente más consumista, rápido y neurótico España aún resiste, aunque sea a base de pequeños detalles.
Otras cuestiones que me he planteado están relacionadas con el uso de Tinder, el tipo de uso y la duración… ¿Es oro todo lo que reluce? ¿Es adictivo? Me pregunté algunas de estas cosas tras observar el uso que algunas amigas hacían de dicha aplicación. Estas y otras cuestiones me llevaron a investigar hasta que encontré un artículo muy interesante sobre el uso problemático de Tinder (Problematic Tinder Use Scale —PTUS—) y lo que en psicología se denomina behavioral addictions; es decir, las “adicciones conductuales”.
Siendo más técnicos, este estudio sobre el PTUS enumera seis modelos de componentes para identificar usos problemáticos de Tinder:
(A) Prominencia (el uso de Tinder domina el pensamiento y el comportamiento); (B) modificación del estado de ánimo (Tinder modifica/mejora el estado de ánimo); (C) tolerancia (incremento de la cantidad de tiempo que se le dedica a Tinder); (D) abstinencia (se producen sentimientos desagradables si se descontinua el uso de Tinder); (E) conflicto (el uso de Tinder compromete las relaciones sociales y otras actividades); (F) recaída (tendencia a la vuelta a ciertos patrones tempranos del uso de Tinder tras la abstinencia o el control de dicho uso)”.[9]
Además de esto, el estudio menciona algunos comportamientos y testimonios reales que son un tanto perturbadores… Se menciona, por ejemplo, la adicción del tindering, algo que yo he visto en la amiga extranjera que he mencionado antes. En otra parte se lee, en las declaraciones de una usuaria, que lo adictivo en sí mismo es hacer swipe o tindering, de modo que contactar con alguien para una cita es un hecho que realmente no tiene importancia. Otras declaraciones hablan también de un aspecto muy interesante: la búsqueda constante de validación personal en relación con el uso de Tinder. El hecho de usar Tinder y conseguir matches hace que el usuario se sienta mejor, porque se siente validado por los demás (esto ilustra, como ya mencioné previamente en este trabajo, cómo nos hemos convertido en mercancías cuyo valor nos lo dan los demás, en lugar de nosotros mismos).
También se mencionan otros aspectos, como el cambio de humor del usuario y la consiguiente mejora de su estado de ánimo, ya que, al sentirse aceptado por otros y tener más matches, se siente más “querido”. Pero haríamos bien en recordar que todo esto es en realidad una gran mentira, porque no es el usuario el que se acepta a sí mismo, sino que la dinámica de Tinder crea una ilusión. Sería algo así como tomarse un antidepresivo, en vez de tratarse con un psicólogo. Lo primero ayuda de manera más o menos inmediata, y durante un tiempo reducido, pero lo segundo es lo que realmente cura el problema.
A modo de conclusión, me gustaría hacer una reflexión sobre la tecnología y la manera que tiene de cambiar nuestros patrones de conducta, sobre todo, en cuanto a las relaciones afectivas y sociales.
Mis abuelos conocían a sus futuras parejas en la verbena o en las fiestas del pueblo, o través de un amigo que tenía una amiga que tenía una prima que estaba soltera, etc. Sin embargo, yo, como millenial, tengo otras maneras (propias de la segunda modernidad) de conocer gente, y me pregunto: ¿cuáles serán las de mis nietos? ¿Las de la hipotética tercera modernidad?
A veces debemos pararnos a pensar de dónde venimos, hacia dónde vamos y qué tipo de sociedad estamos legando a nuestros hijos… ¿Es mejor? ¿O es peor? Sea como fuere, el primer paso es ser conscientes de los procesos “macdonalizados” a los que nuestra sociedad nos somete. Ese, es el primer paso para desarrollar resistencia a ellos. Debemos descubrir nuestra propia penicilina para resistir las dinámicas de la sociedad actual y encontrar el equilibrio entre la modernidad, el progreso y la “esencia” de la vida y la existencia. Solo así evitaremos convertirnos en máquinas.
Campiña, Judith, Tres ideas de Zygmunt Bauman para hablar de la forma en que funcionan nuestras vidas, Televisa, México, 2017. Sitio web: [http://noticieros.televisa.com/especiales/tres-ideas-de-zygmunt-bauman-para- hablar-de-la-forma-en-que-funcionan-nuestras-vidas/]
Editorial, El pensamiento de Zygmunt Bauman en 12 frases, La Vanguardia, España, 2017. Sitio web: [http://www.lavanguardia.com/cultura/20170110/413219646963/zygmunt-bauman-frases-celebres-pensamiento.html]
Guillenea, Javier, “Hay una banalización del sexo que tiene como víctimas a las chicas”, Diario Vasco, España, 2016. Sitio web: [http://www.diariovasco.com/gipuzkoa/201606/26/banalizacion-sexo-tiene-como-20160626001653-v.html]
Velasco Criado, Demetrio, Pensamiento Político Contemporáneo, Universidad de Deusto, Bilbao, 2001.
Ward, Janelle. What are you doing on Tinder? Impression management on a matchmaking mobile app, Taylor&Francis online, Reino Unido, 2017. Sitio web: [http://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/1369118x.2016.1252412]
Notas
[1] Editorial, El pensamiento de Zygmunt Bauman en 12 frases, La Vanguardia, España, 2017. Sitio web: [http://www.lavanguardia.com/cultura/20170110/413219646963/zygmunt-bauman-frases-celebres-pensamiento.html] [2]Cfr. Campiña, óp. cit. [3] Me resulta especialmente interesante pensar en el hecho de ¿Qué vino primero, el huevo o la gallina? [4]Cfr. Velasco Criado, Demetrio, Pensamiento Político Contemporáneo, Universidad de Deusto, Bilbao, 2001. [5]Cfr. ídem. [6] Y, al igual que nosotros mismos, también el sexo se ha convertido en una mercancía o, para ser más exactos, en un fin en sí mismo y no en un medio para un fin. Es decir, en lugar de ser un medio para llegar a un fin donde es posible construir algo entre dos personas y de manifestar su amor mutuo, se ha banalizado, se ha vaciado y, por eso, mucha gente, por mucha vida sexual activa que tenga, se siente vacía por dentro; esto se debe en parte a la normativización del sexo, que ha derivado en las últimas décadas en la pérdida de valor del mismo. Veo este ejemplo en una conocida de mi entorno: está claro que le gusta sentirse querida y busca esta afección por medio del sexo, pero basta ser un poco observadora para darse cuenta de que esas ansias de amor no son satisfechas; esto le lleva a estar “encerrada” en un círculo vicioso en el que la búsqueda afectiva nunca termina. [7] Algo de lo que uno se da cuenta cuando vive en una gran ciudad diferente a Madrid. [8] Aquello de “Spain is different!”, de nuestros años sesenta, pero al modo del siglo XXI. [9] Orosz, Gábor; Istvántoth-Király; Böthe, Beáta; Melher, Dora, Journal of Behavioral Addictions 5(3), pp. 518–523, Akadémiai Kiadó, Hungría, 2016. DOI: 10.1556/2006.5.2016.016 Sitio web: [http://akademiai.com/doi/full/10.1556/2006.5.2016.016]
¿Por qué cada cultura procesa la misma información de manera tan diferente a las demás?
Los sistemas de referencia de cada cultura son diferentes. Nuestras distintas culturas y costumbres nos llevan a procesar la misma información de distintas maneras, por esta razón existe una infinidad de códigos culturales en el mundo.
Los códigos culturales nos ayudan a entender los diferentes significados que le damos a las cosas de manera inconsciente.
En el libro The culture code de Clotaire Rapaille, nos explica cómo funcionan los códigos que hacen que las personas tengan diferentes patrones de comportamiento ante situaciones similares.
Clotaire Rapaille es un antropólogo francés que ha incursionado en la antropología cultural y el marketing. Tiene una consultora “Archetype Discoveries Worldwide” en New York, que brinda servicios de consultoría a través de una metodología basada en los “arquetipos” de Carl Jung y en su trabajo psiquiátrico con autistas en Suiza.
Para desarrollar la metodología, Rapaille se basó en el trabajo de Laborit, quien demostró una conexión muy clara entre el aprendizaje y las emociones:
“mientras más fuertes las emociones, más profunda queda arraigada nuestra experiencia en el cerebro”.
El código cultural es paralelo al concepto de la impronta:
“juntos son como la llave y la cerradura, sí descubres la impronta, puedes abrir el código, sí abres el código, puedes descubrir la razón de las acciones, perjuicios y actitudes de la población”.
Los códigos culturales son un nuevo par de lentes que nos conduce a una óptica totalmente distinta respecto a todo lo que sucede en el mundo.
Cuando aprendemos una palabra nueva, cualquiera que sea, ‘amor’, ‘barco’, ’casa’, ‘dado’. La primera vez que comprendemos el significado, nuestro cerebro crea una impronta (una imagen mental del significado de la palabra) que crea una conexión mental que seguiremos usando toda la vida.
Cada palabra tiene un camino mental. Un código inconsciente en la mente.
Nuestras decisiones están influenciadas por las “improntas” subconscientes (el término fue acuñado por el etólogo Lorenz en 1935). Y estas impresiones, se localizan en el cerebro instintivo.
La combinación de la emoción y experiencia, condiciona nuestros procesos mentales, determinando nuestro comportamiento futuro. La combinación de todas nuestras improntas nos define como personas.
Por ejemplo, un niño a quien sus padres le advierten no mojarse por que hace frío y puede enfermarse, y quien no obstante, lo hace y se enferma. A partir de ese momento, los conceptos “mojarse” y “enfermarse” quedan adheridos a la mente del niño, de forma indeleble.
La forma en la que Rapaille desentraña el código cultural inmerso en el subconsciente colectivo, es a través de muchas horas de interacción en los grupos de enfoque, en donde se induce a los participantes a reportar lo que realmente sienten y piensan sobre algún estímulo.
Por ejemplo, cuando Nestlé trató de introducir el café a Japón, buscaron descubrir la impronta de esta bebida en los habitantes, para su sorpresa, la impronta era inexistente. Esto representó un reto y una oportunidad. La estrategia de largo plazo fue vender dulces con sabor a café, que los niños comían con gusto. La impronta desarrollada fue muy positiva, lo que eventualmente permitió a esta empresa dominar el mercado de café en ese país.
Otro caso de esta metodología fue con el Jeep Wrangler. Después de trabajar arduamente con un grupo de enfoque, Rapaille concluyó que el código cultural para este vehículo en EE.UU. era “caballo”.
En Europa en cambio, el código para el Jeep es “liberador” porque los europeos lo asocian con las tropas que los liberaron del dominio nazi. Chrysler empezó a promover el Jeep en Europa bajo este código con gran éxito.
Entender los códigos culturales nos otorga el poder de comprender los significados ocultos.
Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.
Acerca de Hervey Arteaga
Consultor en Marketing Político y Comunicación Persuasiva. Maestría en Neuromarketing por la Universidad Internacional de la Rioja Madrid, España. Licenciado en Diseño Publicitario por el CUC. Diplomado en Marketing Político por la facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y diplomado en Comunicación y Marketing Político por el Instituto Universitario Ortega y Gasset México-España. Cuando entiendas tus palabras como imágenes en movimiento… no hablarás, harás sentir.
A pesar de la distancia, aquello que nos aqueja es prácticamente lo mismo en cualquier parte del mundo y que si bien, varía el contexto, todos los sueños, ilusiones y sentimientos terminan por ser los mismos.
Hace unos meses conocí el ejercicio que el escritor Daniel Krauze realizó durante un año en el que leyó a autores de diferentes países del mundo sin repetirlos.
Al principio la tarea parecía fácil, ya que comenzó con los anglosajones, después los latinoamericanos y posteriormente los europeos. El experimento se complicaba cuando caía en cuenta de que no conocía muchos autores de Asia y aún menos de África u Oceanía.
Sin embargo, el resultado fue altamente gratificante y revelador: comprendió que a pesar de la distancia, aquello que nos aqueja es prácticamente lo mismo en cualquier parte del mundo y que si bien, varía el contexto, todos los sueños, ilusiones y sentimientos terminan por ser los mismos.
Esto no es algo menor cuando vivimos un punto bajo a nivel global. Donde la deshumanización al otro se vuelve un aspecto en boga simplemente por ser “distinto” a la mayoría.
Situación impensable en el contexto actual donde la fuerza motora de las economías son las ciudades, las cuales se caracterizan precisamente por la diversidad de personas y en ese capital humano reside su potencial de creación y producción.
No por nada, cuando hablamos de las ciudades más ricas, hablamos de las más globales como Nueva York, Londres, París, Hong Kong o Los Ángeles. Incluso en la antigüedad los máximos alcances se dieron en urbes como Atenas que era epicentro del intercambio cultural de su época.
Apenas en diciembre pasado, Donald Trump dijo una las citas que quedará como testimonio de lo que será la tarea a combatir en nuestro tiempo: “Tendremos fronteras encima de las fronteras”. Impensable en un país hecho a base de migración.
Hace poco tuve la oportunidad de observar la pieza de realidad virtual de Alejandro González Iñárritu y el director de fotografía, Emmanuel Lubezki llamada “Carne y Arena” la cual le ha valido el reconocimiento de la Academia para la entrega de un Óscar especial.
La obra del director mexicano nos coloca en primera línea de la condición inhumana que enfrentan los inmigrantes en las detenciones que se producen en la frontera de México con Estados Unidos.
La narrativa está basada en historias reales y no hace más que conmocionar y someter a una profunda reflexión al espectador que a ratos, deja de serlo gracias a la tecnología virtual.
Experiencias como esta, nos llaman a empatizar con los miles de inmigrantes que se juegan la vida, empujados por condiciones de miseria y violencia en sus localidades de origen.
Dejar de lado la imagen preconcebida que tenemos de ellos, ver los rostros de personas y escuchar sus historias nos permite establecer un primer diálogo con ellos.
Contrario a lo que sugiere la rampante cultura de la indiferencia estoy convencido que estamos a llamados a preocuparnos por el otro. Entre más nos conozcamos será más fácil. Si lo pensamos un poco es la misma transición que se genera en toda amistad: desconocidos que han dejado de serlo.
Desde luego, un diálogo se establece cuando conversamos. Pero también leemos sobre una situación distante, observamos una buena película o emprendemos un viaje, todo nos abrirá a nueva perspectiva.
Entre los muchos propósitos personales deberíamos hacer hueco para uno más: dialogar. Pero dialogar de verdad. No caer en los monólogos o las recetas fáciles que toman atajos en los lugares comunes.
Escuchar al otro, entender su postura. Reconoceremos que nuestros puntos de vista pueden ser distintos pero nunca ajenos. A partir de ahí podremos construir algo duradero.
Cuando aprendemos un idioma pasamos por un proceso de distintas fases. Comenzamos con palabras sencillas, los números, los colores y los verbos básicos. Poco a poco podemos construir oraciones. Tras algo de tiempo y dedicación podremos estar conversando en una lengua ajena.
La Torre de Babel, pintura al óleo sobre lienzo de Pieter Brueghel el Viejo.
¿Qué nos motiva a aprender un idioma? Podría tratarse de una afinidad particular hacia alguna cultura, una estadía prolongada en otro sitio por trabajo o simplemente por el gusto de conocer mejor el mundo.
Creámoslo o no, nuestro idioma afecta más de lo que pensamos nuestra forma de pensar y expresarnos.
Inicia desde la forma en la que leemos. Como ejemplo, en español leemos en sentido de izquierda a derecha, mientras que en japonés es al revés, lo cual nos lleva inconscientemente a ordenar las cosas en ese orden.
Hablando de las diferencias en el idioma escrito, Twitter anunció que ampliará los clásicos 140 caracteres a 240 con el objetivo de que todas las lenguas se puedan expresar a cabalidad.
Es indudable que en los tiempos actuales el conocimiento de al menos una lengua extra a la materna se vuelve una necesidad imperante, aunque para los amantes de la literatura de otros lares, siempre podremos echar mano de las traducciones.
Un texto es la trasmisión de un modo pensar y sentir, por ello el traductor enfrenta la colosal tarea de asimilar la obra en su idioma original entendiendo su contexto para poder narrarlas de la mejor manera.
Sin embargo, existen palabras que rompen toda traducción. Por esta razón, Ella Francis Sanders se dio a la empresa de recopilar algunas de ellas en su libro ‘Perdidos en la Traducción’. Estas palabras son enigmáticas, todos alguna vez hemos sentido lo que significan y quizá tuvimos dificultad de expresarlo por no existir un término exacto en nuestro idioma. Por increíble que parezca, alguien del otro lado del océano sintió o pensó lo mismo que nosotros y decidió nombrarlo. A continuación dejó una pequeña selección de algunas de esas palabras:
– Tsundoku (japonés): la costumbre que muchos tenemos de comprar un libro, no leerlo y hacer un montón con otros libros esperando por ser leídos.
– Trepverter (yidis): la respuesta ingeniosa a un argumento que se te ocurre después de una discusión.
– Resfeber (sueco): la emoción de un viajero antes de emprender hacia un nuevo destino.
– Akihi (hawaiano): cuando escuchas indicaciones para llegar a una dirección y un momento después las has olvidado.
Lo grandioso de aprender otro idioma es que nos demuestra un rostro nuevo de la humanidad.
En estos tiempos trepidantes, resaltemos lo que nos une y quedémonos con la bella filosofía sudafricana detrás de la palabra ubuntu que significa: ‘encuentro mi valía en ti, de la misma forma que tú la encuentras en mí’. Bondad humana que le viene bien al mundo.
Inditex es uno de los mayores grupos de distribución de moda a escala mundial. Tiene 7.385 tiendas en 93 mercados y opera ya en 45 mercados online. Cuenta con 8 formatos comerciales: Zara, Pull&Bear, Massimo Dutti, Bershka, Stradivarius, Oysho, Zara Home y Uterqüe. El Grupo reúne también a sociedades vinculadas con las diferentes actividades que conforman el negocio del diseño, la fabricación y la distribución textil.
Su modelo de negocio sostenible, basado en la innovación y la exibilidad, y su forma de entender la moda -creatividad y diseño de calidad, junto con una respuesta adaptada a las demandas del mercado- le han permitido una rápida expansión internacional y una excelente acogida de sus diferentes conceptos comerciales, tanto en sus tiendas físicas como online.
La primera tienda de Zara abrió sus puertas al público en el año 1975 en A Coruña (en el noroeste de España), donde el Grupo inició su actividad y donde está su sede central. Hoy pueden encontrarse tiendas del grupo Inditex en cientos de ciudades de los cinco continentes, fundamentalmente en las arterias comerciales más relevantes.
Inditex cotiza en Bolsa desde el 23 de mayo de 2001, tras realizar una Oferta Pública de Venta de Acciones que concitó un gran interés por parte de los inversores de todo el mundo, con una demanda superior en más de 26 veces al volumen de la oferta. Sus acciones están incluidas en los principales índices bursátiles españoles e internacionales.
Con el objetivo de particularizar su acercamiento a diferentes segmentos del mercado, Inditex cuenta con ocho cadenas de distribución de moda. Todas ellas comparten un mismo enfoque comercial y de gestión: ser líderes a través de un modelo de negocio sostenible.
Cada una de las cadenas cuenta con gran autonomía en la gestión de su negocio. Sus equipos de dirección son independientes en la toma de decisiones comerciales y en la forma en que administran sus recursos. No obstante, el hecho de pertenecer a un grupo extendido por 93 mercados les reporta un gran número de sinergias organizativas y de gestión del conocimiento. Así, cada equipo gestor puede concentrarse en el desarrollo de su negocio sabiendo que determinados elementos de soporte del mismo están cubiertos por la experiencia acumulada del Grupo.
Inditex, como sociedad matriz, es responsable de los servicios centrales corporativos, es decir, aquellos que comparten las ocho cadenas y que facilitan el crecimiento internacional, la administración, el uso de tecnología logística, la política general de recursos humanos, los aspectos jurídicos, la capacidad nanciera, etc.
A continuación se resumen los principales datos de cada una de las marcas en el ejercicio 2016:
UN MODELO DE NEGOCIO SOSTENIBLE
El modelo de negocio sostenible de Inditex se caracteriza por un elevado grado de integración en el que se llevan a cabo todas las fases del proceso de la moda: diseño, aprovisionamiento, fabricación y control de calidad de producto, logística y venta en tiendas propias, tanto físicas como online. Todo ello con el objetivo de crear productos atractivos, éticos y de calidad que sean Right to Wear. Es decir, justos para los clientes, para las personas que trabajan en y para la compañía, para las comunidades en las que opera la empresa y para el entorno.
Para lograr generar valor, Inditex cuenta con una estructura exible y una fuerte orientación al cliente en todas sus áreas de actividad.
FILOSOFÍA RIGHT TO WEAR
Right to Wear es el concepto que sirve para ilustrar el modo en que Inditex concibe su actividad: pasión por crear moda y por ayudar a los clientes, actuando con responsabilidad en sus distintos ámbitos de actividad. Por eso, Inditex está rmemente comprometida con la sostenibilidad en todo cuanto hace.
Inditex garantiza que cada artículo que pone a la venta es saludable, seguro y social y medioambientalmente sostenible. El crecimiento sostenible, una exigencia de los clientes y de la sociedad en su conjunto, es un valor compartido a nivel interno y que la empresa extiende a sus proveedores.
EXPANSIÓN INTERNACIONAL
La primera tienda de Zara abrió sus puertas en A Coruña (en el noroeste de España) en 1975. En la siguiente década se continuó con la apertura de nuevos establecimientos en el territorio español. En 1988 se produce la apertura en Oporto (Portugal), y en los años inmediatamente posteriores se abren las primeras tiendas fuera de la península ibérica, en Nueva York (1989) y París (1990). Se inicia así un proceso que llevaría hasta la actual presencia en 93 mercados. El éxito entre personas, culturas y generaciones que, a pesar de sus diferencias, comparten una especial sensibilidad por la moda reside en la convicción de que no existen fronteras que impidan compartir una misma cultura del vestir.
El esquema habitual de penetración en un nuevo mercado se basa en la apertura de un número reducido de tiendas físicas, de tal manera que puedan explorarse las posibilidades de un país en concreto, para después ir ganando masa crítica. Los nuevos formatos incorporados al grupo desde 1991 comparten el mismo enfoque internacional de Zara. De hecho, esta es una de sus características básicas. Como consecuencia, todos han crecido simultáneamente en España y en otros países. En la mayoría de los casos, Zara ha sido la primera cadena en llegar a los nuevos países, acumulando experiencia que ha facilitado la implantación posterior del resto de los conceptos.
TRAYECTORIA DEL GRUPO
1963 Amancio Ortega Gaona, fundador de Inditex, inicia su actividad empresarial como fabricante de prendas de vestir. El negocio crece progresivamente en esta década hasta contar con varios centros de fabricación, que distribuyen su producto a distintos países europeos.
1975 Zara comienza su andadura con la apertura de su primera tienda en una céntrica calle de A Coruña (España).
1976 El concepto de moda de Zara experimenta una buena acogida social que permite extender su red de tiendas a las principales ciudades españolas.
1985 Creación de Inditex como cabecera de Grupo de empresas.
1986 Se sientan las bases de un sistema logístico adecuado al fuerte ritmo de crecimiento previsto.
1988 La primera apertura de una tienda Zara fuera del territorio español se produce en diciembre de 1988 en Oporto (Portugal).
1989-1990 El Grupo inicia su actividad en Estados Unidos y Francia con la apertura de establecimientos en Nueva York (1989) y París (1990).
1991 Nacimiento de la cadena Pull&Bear y compra del 65% de Massimo Dutti.
1995 Inditex adquiere la totalidad del capital de Massimo Dutti.
1998 Inicia su andadura la cadena Bershka, dirigida al público femenino más joven.
1999 Adquisición de Stradivarius, que se convierte en la quinta cadena del Grupo.
2000 Inditex instala sus servicios centrales en un nuevo edi cio situado en Arteixo (A Coruña, España).
2001 Lanzamiento de la cadena de lencería Oysho. El 23 de mayo de 2001 comienza la cotización de Inditex en el mercado bursátil.
2002 Inditex inicia el programa de inclusión social ‘for&from’, que favorece la integración laboral de personas con discapacidad en tiendas creadas ad hoc.
2003 Apertura de las primeras tiendas de Zara Home, la séptima cadena del Grupo. Inditex inaugura en Zaragoza (España) su segundo centro de distribución llamado ‘Plataforma Europa’ que completa la actividad del centro logístico de Arteixo (A Coruña, España).
2004 El Grupo abre su tienda número 2.000 en Hong Kong y alcanza presencia comercial en 50 mercados de Europa, América, Asia y África.
2005 Pablo Isla es nombrado vicepresidente y consejero delegado.
2006 Inditex abre su tienda número 3.000 en Valencia (España), un Zara Home situado en una de las principales vías comerciales de la ciudad. Presenta su Plan Estratégico Medioambiental.
2007 El Grupo inaugura en León y Meco (Madrid) dos nuevos centros logísticos. De este modo, Inditex ya cuenta con ocho plataformas logísticas en España. Zara Home es la primera cadena del grupo en vender online. Y el grupo rma su convenio marco con la federación internacional de sindicatos IndustriALL.
2008 Lanzamiento de Uterqüe, especializada en complementos y accesorios de moda que se convierte en la octava cadena del Grupo. Inditex abre la tienda número 4.000 en Tokio y abre su primera tienda ecoe ciente en Atenas (Grecia).
2009 Stradivarius, Bershka y Pull&Bear abren sus primeras tiendas en China. Zara alcanza 50 establecimientos en Japón.
2010 Inditex abre en Roma su tienda número 5.000. Zara comienza la venta online en Alemania, Francia, España, Reino Unido y Portugal.
2011 Pablo Isla es nombrado presidente de Inditex. Todos los formatos de la compañía realizan ventas a través de Internet.
2012 Zara estrena nueva imagen de tienda. Inditex alcanza los 6.000 establecimientos.
2013 Zara abre su primera tienda en Argelia. El Grupo inicia la venta online en nuevos mercados como Canadá o Rusia.
2014 Zara abre su primera tienda en Albania. El Grupo inicia la venta online en nuevos mercados como México y Corea del Sur. El nuevo centro logística de Cabanillas (Guadalajara) comienza su actividad.
2015 Inditex supera las 7.000 tiendas, con la apertura de Zara en Hawái, y alcanza los 29 mercados online, con la incorporación de Hong Kong, Macao y Taiwán. Al cierre del ejercicio, el Grupo reparte 37,4 millones de euros entre 78.000 empleados de tiendas, fabricación, logística, cadenas y liales, al cerrar el primer tramo de su Plan Extraordinario de Participación de los Empleados en los bene cios de la compañía en 2015 y 2016
2016 Inditex es reconocida como líder sectorial en el índice de sostenibilidad Dow Jones Sustainability Index, refuerza su acuerdo con la federación internacional de sindicatos IndustriALL y lanza su Plan Estratégico Medioambiental 2016-2020. El Grupo abre cinco nuevos mercados (Aruba, Paraguay, Nicaragua, Vietnam y Nueva Zelana) y alcanza los 93 mercados, 41 de ellos con venta online.
La actriz Catherine Deneuve encabezó la carta contra lo que considera un «puritanismo» nacido de la ola de denuncias por acoso sexual.Fuente: AFP.
Un centenar de mujeres encabezada por la actriz francesa firmaron en Le Monde una carta en la que rechazan la «campaña de delaciones» y la «justicia expeditiva» que, a su entender acompaña, la “legítima” toma de conciencia de la violencia sexual.
Un colectivo de mujeres, entre ellas la actriz francesa Catherine Deneuve, publicó este martes una tribuna en Francia para «defender» la «libertad de importunar» de los hombres y oponerse a la «campaña de delaciones» surgida tras el escándalo Weinstein.
«La violación es un crimen. Pero cortejar de forma insistente o torpe no es un delito, ni la galantería una agresión machista», escriben en el diario Le Monde un centenar de intérpretes, escritoras, investigadoras y periodistas.
Y rechazan el «puritanismo», que según ellas se instaló tras las acusaciones de acoso y agresión sexual contra el productor de cine estadounidense Harvey Weinstein.
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El ‘puritanismo’ del movimiento #MeeToo
Consideran «legítima» la «toma de conciencia sobre la violencia sexual ejercida contra las mujeres, sobre todo en el ámbito profesional». Pero, afirman, «esta liberación de la palabra se transforma hoy en lo contrario: nos conminan a hablar como es debido, a hacer callar lo que enoja y quienes se niegan a plegarse ante semejantes directrices son vistas como traidoras, ¡cómplices!».
«Campaña de delaciones», «justicia expeditiva»… Ha habido hombres que han sido «sancionados en el ejercicio de su profesión, obligados a dimitir, cuando su único error fue haber tocado una rodilla, tratado de obtener un beso, hablar de cosas ‘íntimas’ durante una cena profesional, o haber enviado mensajes de connotación sexual a una mujer que no sentía una atracción recíproca», aseguran, hablando de una «ola purificadora».
A raíz del escándalo Weinstein nació en Francia el movimiento #Balancetonporc («Delata a tu cerdo», equivalente del inglés #MeToo) que incitó a miles de mujeres a denunciar abusos.
– Los ‘cerdos’ al matadero –
Sin embargo para este colectivo, «esta fiebre de enviar a los ‘cerdos’ al matadero, lejos de ayudar a las mujeres a ser autónomas, sirve en realidad a los intereses de los enemigos de la libertad sexual, a los extremistas religiosos, a los peores reaccionarios y a quienes estiman (…) que las mujeres son seres aparte, niños con una cara adulta, que reclaman ser protegidas».
«En tanto que mujeres, no nos reconocemos en este feminismo, que, más allá de denunciar los abusos de poder, encarna un odio a los hombres y a la sexualidad», agregan.
El colectivo asegura defender «una libertad de importunar, indispensable a la libertad sexual».
En marzo pasado, Deneuve, de 74 años, levantó una polémica al defender en televisión a Roman Polanski, acusado de haber violado a una menor hace más de 40 años en Estados Unidos, al asegurar que el cineasta seguramente no sabía que la joven tenía 13 años.
«Siempre le han gustado las chicas jóvenes. Siempre he pensado que la palabra violación era excesiva», dijo Deneuve en referencia a Polanski.
La tribuna, firmada por un centenar de mujeres, suscitó una reacción inmediata.
En un tuit, la exministra francesa de Derechos de las Mujeres, Laurence Rossignol, lamentó «esta extraña congoja de dejar de existir sin la mirada y el deseo de los hombres. Y que conduce a mujeres inteligentes a escribir enormes tonterías».
«Es una pena que nuestra gran Catherine Deneuve se sume a este texto desolador», tuiteó la exministra del Medio Ambiente, Segolène Royal.
Este texto es «una tribuna para defender el derecho de agredir sexualmente a las mujeres (y para insultar a las feministas)», denunció la feminista Caroline de Hass, mientras que la asociación ‘Osez le feminisme’ recordaba que «una mujer de cada seis será agredida o violada durante su vida».