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Mundo Facebook: implicaciones del arbitraje emocional de la verdad en la era de las plataformas

Mundo Facebook: implicaciones del arbitraje emocional de la verdad en la era de las plataformas

BORJA BERGARECHE

Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, se ha visto forzado a aceptar la responsabilidad de las redes sociales en el combate contra el bulo y la mentira tras la victoria de Trump. La polémica ha generado un acercamiento entre su plataforma y el mundo del periodismo para articular medidas que contengan la era de la posverdad.


BORJA BERGARECHE*

Querido lector, esto que va a leer a continuación es una noticia falsa, aunque muchos, desgraciadamente, creyeran lo contrario. “Medios de todo el mundo están informando de la decisión sin precedentes adoptada por el papa Francisco de apoyar a un candidato presidencial estadounidense. Su comunicado en apoyo de Donald Trump ha sido publicado por El Vaticano esta tarde: ‘He tenido muchas dudas a la hora de apoyar a uno de los candidatos en las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, pero siento que no hacer pública mi preocupación ahora supondría un abandono de mi deber como Santa Sede’”.

La presunta información fue publicada el pasado 10 de julio por el presunto portal de noticias WTOE 5. El mismo día, el portal de detección de informaciones falsas Snopes.com desveló rápidamente que era un atropello a la verdad. Pero dio igual. La “noticia” fue compartida más de un millón de veces en Facebook. Dio igual el evidente tufo a bulo viral del anuncio, porque cientos de miles de personas sintieron ese irresistible afán de pulsar el codiciado botón de “share” en Facebook. Y dio también igual que existieran en internet numerosas señales –como la de Snopes y muchos otros portales de fact-checking [verificadores de hechos, en español]– de la falsedad de la “noticia”, porque los algoritmos de Facebook no están programados para desacelerar o contrarrestar, en aras de la verdad periodística, esas explosiones de emociones compartidas que llamamos viralidad.

La polémica sobre la irrefrenable escala y velocidad con la que se difunden noticias falsas en Facebook y, en menor medida, en otras redes sociales y en Google ha tenido ya, al menos, tres efectos beneficiosos para quienes nos dedicamos, humildemente, a la noble tarea de la información: un mayor foco en los riesgos democráticos de vivir en la era de la posverdad; una presión sin precedentes sobre Facebook para asumir, al menos en parte, eso que los periodistas llamamos “responsabilidad editorial”, y un aluvión de propuestas concretas para dirimir en favor de la verdad los vacíos éticos en la programación de los algoritmos que, cada día, deciden qué información leen millones y millones de personas.

Los problemas de vivir en un “mundo Facebook” –ese en el que la información se distribuye de forma crecientemente fragmentada en plataformas digitales y sociales– no se limitan, en cualquier caso, al empacho de noticias falsas que ha precedido (¿correlación o causalidad?) a la elección de Donald Trump como presidente de EE. UU. La cuestión más amplia reside, creo, en el arbitraje emocional de la verdad que llevan íntimamente incorporado las distintas plataformas –incluidas las pertenecientes a los medios de comunicación– en las que consumimos el menú informativo de cada día. Pero merece la pena repasar los tres fenómenos destacados en el párrafo anterior.

La llamada “posverdad” avanza en un mundo de alto voltaje político. Tanto, que Oxford Dictionaries ha elegido esta expresión como el término internacional de 2016. Definen posverdad como un adjetivo (su uso como tal es más obvio en inglés, “post-truth”) relativo a circunstancias en las que “los hechos objetivos son menos influyentes en conformar la opinión pública que las apelaciones emocionales”. Entre las otras palabras finalistas figuran, por cierto, algunas muy vinculadas al inquietante campo semántico que define nuestra época: “chatbot” (muy presentes en las informaciones sobre las presuntas actividades de propaganda y desinformación digital rusa durante la campaña electoral estadounidense), “alt-right” (término empleado para aludir a la derecha extrema o alternativa a la derecha del partido republicano tradicional) y “brexiteer”, o defensor del brexit.

El momento álgido del uso del término de posverdad fue junio y julio de 2016, coincidiendo con el referéndum por el brexit y la victoria moral de Nigel Farage, del UK Independence Party (UKIP), y la elección de Trump como candidato republicano. La frecuencia de uso del término habría crecido un 2.000% con respecto a 2015, según datos de Oxford Dictionaries recogidos por la BBC. Tras las elecciones en EE. UU., su análisis ha rellenado también espacios de tertulia y páginas y suplementos de periódicos en España. Los primeros usos de posverdad se rastrean en 1992, pero su salto al léxico de la contienda política suele situarse en abril de 2010, con la publicación de un artículo sobre el negacionismo del cambio climático por el entonces bloguero David Roberts en Grist, una web ecologista de tono satírico.

“Esta política de la posverdad se ve facilitada por dos amenazas a la esfera pública”, analizaban el pasado 16 de noviembre en el blog Free Exchange de la edición norteamericana de The Economist. “Una pérdida de confianza en las instituciones que apoyan su infraestructura y cambios profundos en la manera en el que el conocimiento del mundo real llega al público”, definían. O, dicho de otra forma, la creciente desconfianza hacia el estáblisment político en las siempre frágiles democracias representativas –y las élites, expertos y medios de comunicación (también) que lo reflejan–, sumado a su sustitución por las afinidades emocionales del Mundo Facebook.

Las implicaciones para el periodismo, tal y como lo conocíamos hasta ahora, son obvias. “La era del periodismo neutral ha terminado”, proclamaba en una reciente entrevista el inquietante responsable de la agencia oficial de noticias rusa Rossiya Segodnya, Dmitry Kiselyov, considerado como el propagandista en jefe de Vladimir Putin. “Es imposible porque lo que seleccionas dentro del enorme mar de información es en sí subjetivo”, decía. Desde el cinismo, sin embargo, se refiere con certeza a uno de los principales rasgos característicos de esta era de la posverdad: la “burbuja de filtros” denunciada en un TED Talk en 2011 por el activista digital Eli Pariser, responsable ahora del portal de “virales responsables” Upworthy.

Los algoritmos de Google o Facebook crean una burbuja sin opiniones divergentes

Según Pariser, la –por otro lado, extraordinaria– capacidad de los algoritmos de Google o Facebook de recomendarte contenidos de forma “personalizada”, a partir de tu propio patrón de conducta o de lo que han leído personas que estos programas informáticos consideran como afines a tus gustos, opiniones y personalidad –a menudo, porque así se lo hemos indicado nosotros mismos–, ha terminado por encerrarnos en una burbuja autorreferencial, monolítica y sin opiniones divergentes. Un mundo cerrado de profecías autorrealizadas. Un menú informativo en el que los defensores de Trump, o del brexit, solo recibían de Google y, sobre todo, de Facebook opiniones y comentarios de defensores de Trump, o del brexit. Y viceversa, claro: ¿cómo iban a detectar los seguidores de Clinton, o los defensores de la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, que existía una profunda corriente en contra si apenas se cruzaban con ella en su universo más íntimo de referencias y lecturas?

“Las redes sociales facilitan que los miembros de estos grupos refuercen mutuamente sus creencias al cerrar el paso a información contradictoria”, reflexionan en The Economist. Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, tiene crecientes dificultades en negar este mecanismo, como veremos más adelante. Vivir en esta “burbuja de los filtros” permite que florezca el segundo de los atributos destacados de la posverdad: el pensamiento mágico. Estaría formado por aquellas creencias que calificaríamos de extremistas o radicales, alimentadas –sin aparente coste– por las medias o falsas verdades que propagan los políticos de la posverdad, y que persisten tercamente en el argumentario de ciertos colectivos a pesar de las pruebas en contra o de las réplicas por parte de expertos, políticos “mainstream” [tradicionales o convencionales] o periodistas “fact-checkers”. Facebook como una “cámara de eco”, en otra de las expresiones empleadas para referirse a este fenómeno.

Que la Unión Europea está robando el alma católica a la Polonia del partido de los gemelos Kaczynski, que los sin papeles mexicanos cometen más delitos que la media en EE. UU. o que los funcionarios de la Comisión Europea sueñan con ver a los ingleses conducir por la derecha serían algunos ejemplos anecdóticos de este pegajoso pensamiento mágico y conspiranoico que circula en el magma digital en forma de memes de ficción travestidos de verdades irrefutables. En España, la “nueva política” nos ha traído también, sobre todo en Twitter, toda una producción de clásicos de la posverdad (y del humor, todo hay que decirlo) relativos a los viejos partidos o a los nuevos…, según en qué burbuja milite uno.

Además de la “burbuja de los filtros” y del llamado pensamiento mágico posfactual, cabría destacar un tercer mecanismo de agravamiento de la posverdad, y que nos obliga a los medios de comunicación a mirarnos en el espejo. ¿Acaso no han ayudado a agravar el arrinconamiento de la verdad ciertas decisiones editoriales y de producto que hemos tomado los medios en el ámbito digital, presionados por la necesidad de crecer en tráfico? Por no hablar de la “berlusconización” de la conversación política en gran parte del panorama televisivo. “Con demasiada frecuencia, los medios de comunicación juegan un papel determinante en la propagación de los bulos, las afirmaciones falsas, los rumores cuestionables o el dudoso contenido viral, contaminando así el flujo de información digital”, reflexionaba Craig Silverman, actual editor de BuzzFeed Canada, en un estudio del Centro Tow para el Periodismo Digital, de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia.

Los periodistas y los editores debemos tener una participación activa en un debate que va a determinar, no ya el papel de la verdad en nuestra comprensión del mundo, sino el rol que reservamos a la prensa en los mecanismos de generación de la(s) opinión(es) pública(s). Las sonadas declaraciones de rebeldía frente al estáblisment del electorado británico, colombiano o estadounidense han generado inicialmente incomprensión, dudas e inseguridad en los medios de comunicación establecidos. Lo que contamos en nuestras informaciones, lo que opinamos en nuestros editoriales, ya no influye como antes en la ciudadanía de las sociedades complejas y pluralistas a las que servimos. ¿Cómo pudimos tardar tanto en llamar mentiroso al mentiroso?, se preguntan muchos.

Este gráfico publicado en Vox.com y elaborado por Craig Silverman –ya desde BuzzFeed– demuestra cómo en la recta final de la campaña presidencial, las noticias falsas obtuvieron más engagement (suma de compartidos, reacciones y comentarios) en Facebook que las noticias publicadas por medios como el New York Times o el Huffington Post.

Gráfico elaborado por Vox a partir de datos aportados por BuzzFeed (17 de noviembre de 2016)

El gráfico compara los datos de las 20 noticias “serias” más populares en la red social de Zuckerberg con el engagement de las 20 “noticias” falsas más virales, en tres periodos de tres meses previos a los comicios. La inevitable sensación de que la posverdad pudo tener algo que ver con el resultado electoral se agrava al leer que la mayoría de las noticias “serias” eran favorables a Clinton o críticas con Trump, mientras que 17 de las 20 noticias falsas más populares afectaban negativamente a Clinton. No obstante, al aturdimiento inicial en la prensa de EE. UU. ha seguido un movimiento corrector en forma de aluvión de suscripciones digitales a muchos medios. El New York Times tuvo en la semana posterior a la elección de Trump su mayor incremento semanal en nuevos suscriptores desde que lanzó su muro de pago en 2011. El portal de periodismo de datos ProPublica, por su parte, vio multiplicarse por diez su ratio de suscripciones, según datos recopilados por el Nieman Lab y el Poynter Institute. En la era de la posverdad, el periodismo es más necesario que nunca. Y hasta Mark Zuckerberg parece haberlo comprendido.

En la era de la posverdad, el periodismo es más necesario que nunca.

Además de un apasionado y saludable debate sobre las implicaciones democráticas de vivir en una era de verdades subjetivas, el segundo impacto positivo de la crisis de la verdad post-Trump ha sido, creo, el incremento de la presión sobre Facebook para abordar una obviedad que siempre han preferido negar: su responsabilidad –llamémosla editorial, empresarial, democrática o social– como una de las grandes plataformas de consumo de información, junto con buscadores, otras redes sociales como Twitter o Snapchat y las ediciones impresa, web, mobile o social de los medios de comunicación. Los días posteriores a las quincuagésimo octavas elecciones presidenciales en los Estados Unidos cambiaron algunas cosas importantes en el número 1 de Hacker Way en Menlo Park, la dirección de Silicon Valley en la que Facebook tiene su espectacular sede principal. Algunos creen que para siempre.

La reacción inicial de Mark Zuckerberg ante la tormenta de acusaciones fue negar la mayor. “No creo que tuvieran ningún impacto” en el resultado de las elecciones, dijo el fundador de Facebook el 10 de noviembre, dos días después de los comicios, en una conversación pública con David Kirkpatrick, autor de The Facebook Effect. Afirmar lo contrario “es una idea bastante loca”, llegó a decir. Pero, de puertas adentro, sus subordinados hablaban en los chats y en los pasillos de términos como información, periodismo, responsabilidad y verdad. Asuntos que, hasta la fecha, no habían sido tan centrales en la vida interna de Facebook. Y la incomodidad ante las acusaciones de haber aupado a Trump al Despacho Oval de muchos en su gigantesca organización comenzó a tener consecuencias desconocidas hasta la fecha. Por ejemplo, que empleados de Facebook hagan declaraciones anónimas a la prensa.

Una información del pasado noviembre en el New York Times citaba a tres fuentes anónimas de dentro para contar que los más altos ejecutivos de Facebook habían concluido que debían hacer frente a las preocupaciones de muchos empleados con respecto a la propagación de noticias falsas en la plataforma. El rotativo neoyorquino describe la existencia de varias conversaciones de alto nivel por chat sobre la polémica  y de una reunión al menos a ese respecto con el equipo de relaciones institucionales (public policy).

Asimismo, BuzzFeed firmaba en San Francisco una información el pasado 15 de noviembre que cita de forma anónima a cinco empleados de Facebook, quienes aseguran que sus superiores les intentaron disuadir de la idea de hablar con periodistas. Según BuzzFeed, “empleados de Facebook han formado un grupo de trabajo (task force) no oficial para cuestionar el papel que la compañía jugó en promover noticias falsas en los meses previos a la victoria de Donald Trump”. Sugerir que Facebook tuvo algo que ver “no es una idea loca”, afirma una de las fuentes citadas, desafiando el criterio de su consejero delegado. “Varias docenas” de empleados, según la información de BuzzFeed, habrían mantenido al menos dos reuniones, por ahora “secretas”, y tendrían la intención de elevar una serie de recomendaciones a la dirección. Dos de estas fuentes afirman haber planteado a sus superiores en el pasado, sin mucho éxito, la gravedad del problema de las noticias falsas. [NOTA: no me consta que Facebook haya ni desmentido ni confirmado las dos noticias citadas, ni me he dirigido yo mismo a Facebook para verificarlas a los efectos de esta pieza, que considero un análisis y no una noticia].

Las acusaciones de haber facilitado la victoria de Trump culminan un año complicado para la red social. En mayo, varios exempleados denunciaron que la sección de “Trending Topics” de la plataforma estaba sesgada en la recomendación de contenidos a favor de medios y portales progresistas. Hace unas semanas, el portal especializado Gizmodo aseguraba que Facebook habría decidido evitar medidas drásticas contra las noticias falsas por miedo a tener un impacto políticamente no neutral, porque eliminarlas habría afectado sobre todo al tráfico de portales de tendencia ultraconservadora.

En este contexto, Zuckerberg se enmendaba a sí mismo solo 48 horas después de sus primeras declaraciones con un post personal en Facebook en el que reconocía la existencia de un problema, cuyo alcance relativizaba. “De todo el contenido en Facebook, más del 99% de lo que la gente ve es auténtico. Solo una parte muy pequeña son noticias falsas y bulos. Los bulos que existen no se limitan a un único punto de vista partidista, ni siquiera a la política…” [traducción propia del original en inglés]. Dicho esto, continuaba Zuckerberg, “no queremos bulos en Facebook”, dijo, reflejando –quizás– las inquietudes de muchos de sus empleados.

En este post del 12 de noviembre, el empresario de 32 años advertía además de algo con lo que no puedo estar más de acuerdo. “Debemos proceder con mucho cuidado” en la resolución del problema de las noticias falsas, dice. Y añade: “Identificar la verdad es complicado. Mientras algunos bulos pueden ser desmontados por completo, hay más contenido, incluido el proveniente de fuentes generalistas, que a menudo transmite bien la idea básica pero mal algunos detalles u omisiones. Un volumen aún mayor de historias expresan opiniones con las que muchos estarán en desacuerdo y etiquetarán como incorrectas, incluso cuando sean veraces”.

Identificar y señalar la verdad exige prudencia y reflexión

Sí, identificar la verdad es una tarea complicada. Los periodistas intentamos revelarla, narrarla, contextualizarla y analizarla cada día. Cuesta tiempo y dinero. Exige determinación cívica y solidez empresarial. Y las más de las veces requiere, sí, años de oficio. Ahora, esta creciente conversación global sobre maneras algorítmicas y humanas de identificar y señalar la verdad –la información, los hechos veraces y relevantes para los lectores– y diferenciarla de la mentira exige prudencia y reflexión. No vaya a ser que salga la verdad aún más maltrecha del ejercicio. “Sí, la verdad es complicada, y Facebook debe proceder con cuidado”, retoma Will Oremus, especialista en Tecnología de Slate. “Pero hay una sensación creciente, dentro y fuera de la compañía, de que quizás [Facebook] está actuando con demasiado cuidado, dado su creciente papel dominante en la distribución de las noticias online”, escribía recientemente.

El 14 de noviembre trascendía que Google primero y Facebook a continuación habían decidido expulsar a las llamadas granjas de noticias falsas y bulos de sus respectivas redes publicitarias para, al menos, dificultar el negocio de la mentira. Pero la polémica crecía, y cada vez más voces exigían cambios y un compromiso real por parte de los gigantes californianos. Así, el 18 de noviembre, Zuckerberg volvió al tema con un nuevo post personal en el que, esta vez sí, asumía la responsabilidad de Facebook y anunciaba una serie de medidas: “Nos tomamos la desinformación muy en serio. Nuestro objetivo es conectar a la gente con las historias que encuentran más relevantes, y sabemos que la gente quiere información veraz. Llevamos trabajando mucho tiempo en este problema y nos tomamos esta responsabilidad muy en serio. Hemos hecho progresos significativos, pero queda más trabajo por hacer”. En apenas una semana desde su conversación con Kirkpatrik, el CEO de Facebook pasó de la negación del problema a la asunción de una cierta responsabilidad ante los peligros de la cuasilibre circulación de la desinformación en las redes sociales.

No sabemos cuál es el lugar final de Facebook en el ecosistema de la información, pero se trata, sin duda, de un cambio sintomático y significativo en una compañía que insistentemente ha predicado eso de no somos una empresa de medios, sino una plataforma tecnológica abierta para la conectividad de los usuarios. “Nuestro negocio no es la información”, aseguran a menudo sus portavoces. “Nuestro negocio no es elegir qué cosas debe leer cada uno”, suelen decir. Su impacto, sin embargo, en el negocio de la información es ya ineludible.

Zuckerberg advierte –de nuevo, con buen tino– de la complejidad de la cuestión, tanto para el modelo de negocio de Facebook como para eso que llamamos la verdad periodística. “Debemos tener cuidado de no desincentivar la compartición de opiniones o de restringir por error contenido riguroso. No queremos ser árbitros de la verdad, queremos apoyarnos, en cambio, en nuestra comunidad y en nuestros socios de confianza”, explicaba Zuckerberg. Árbitros de la verdad. ¿De verdad tenemos que recurrir a Facebook y a Google para que nos arreglen (también) este problema gravísimo de las posmodernas democracias de la opinión en que vivimos?

Es la aprehensión que reflejan las advertencias de Zuckerberg. La solución no puede residir en introducir cambios en los algoritmos. “Es fácil ver cómo una solución a las noticias falsas basada solo en algoritmos podría resultar en el bloqueo de cosas que no sean falsas, o que sean engañosas por razones de partidismo, pero no por falta de veracidad”, explica a Bloomberg Alexios Mantzarlis, responsable del Fact-Checking Network, del Poynter.

En su obra La opinión pública (1922), el periodista y pensador Walter Lippmann pintaba una visión casi científica de la “fabricación” de la verdad por una clase funcionarial de expertos y recolectores de información, que la distribuirían de forma desapasionada a una ciudadanía democráticamente ingobernable. Un arbitraje casi “perfecto” de la verdad, indeseable por incompatible con cualquier visión pluralista de las sociedades complejas como las nuestras. El problema es que esa complejidad, relativa en un mundo de antaño en que unos pocos altavoces mediáticos determinaban la conversación pública, parece tender ahora a infinito en esta era digital: fragmentación de las audiencias en infinitos nichos y long-tails [largas colas, en español] en el lado de los receptores de información y, en el lado de los generadores de información, multiplicación de los medios e intermediarios de la comunicación. Nadie nos dijo que la verdad saldría siempre victoriosa, así que tendremos que pelear por ella.

Zuckerberg, en su post del 18 de noviembre, recopilaba algunas medidas para combatir la difusión de noticias falsas: mejorar su detección por medios técnicos, facilitar la denuncia por parte de los usuarios, introducir la verificación por terceros (Zuckerberg dice querer aprender de las organizaciones que se dedican al fact-checking), explorar el etiquetado de historias denunciadas como falsas con mensajes de alerta (muchos exigen a Facebook que directamente las elimine de la plataforma, claro) e, incluso, “escuchar” y seguir trabajando con “periodistas y otros en la industria de medios para recibir su input y, en particular, comprender mejor sus sistemas de verificación de la información para aprender de ellos”. Quienes conocen la “insularidad” de la cultura corporativa de estas startups [empresas emergentes] convertidas en gigantes y la lejanía que sienten los homo tecnologicus de Silicon Valley con respecto del periodismo tradicional pueden calibrar mejor la significación del gesto. Parecería que Zuckerberg ha escuchado las voces que, dentro de Facebook, analizan e incluso reivindican los estándares del periodismo para hacer frente a la posverdad.

El acercamiento entre Facebook y la prensa ha comenzado, y creo que es positivo. Llevará su tiempo, como el que llevó a Google y a los editores de medios encauzar sus relaciones estratégicas como frennemies (amigos y enemigos a la vez). Pero de este creciente diálogo van surgiendo iniciativas y propuestas que merece la pena considerar: esta sería la tercera de las consecuencias positivas del shock a la verdad post-Trump que nos sacude. Lo resumía bien François Filloux, exdirector de Les Echos y editor de la newsletter de medios The Monday Note, en un boletín de septiembre. “Facebook se ha convertido en uno de los editores más poderosos del planeta. Y las maneras de la compañía la convierten en un editor peligrosamente incompetente que puede comprometer la diversidad de la información en cuanto a fuentes, géneros, estilos y temas. Si no hacemos nada, la combinación de estos dos factores solo puede tener un impacto negativo en la calidad de la información de un medio que usan 1.700 millones de personas”.

Muchos parecen estar dispuestos ahora a hacer algo. Algunos han comenzado por resaltar una de las vías posibles de contención de la posverdad en redes sociales: la contratación de periodistas y editores por Facebook. “Facebook necesita un editor ejecutivo”, decía el pasado 20 de noviembre Margaret Sullivan, la columnista de medios del Washington Post y antigua “ombudsman [defensora] del lector” del New York Times. “Alguien que pueda distinguir entre una fotografía premio Pulitzer y pornografía infantil”, exigía, en referencia al polémico “baneo” de la célebre imagen de la niña desnuda huyendo del napalm, tomada por el fotógrafo Nick Ut en 1967. Sin embargo, como le replicaba un día después el analista de medios Mathew Ingram desde Fortune, esta no parece ser la solución cuando parte del origen del problema es que millones de estadounidenses han perdido la confianza en los medios tradicionales, con sus editores y sus mecanismos de verificación. Miénteme fuerte que me gusta, parecen decir.

“Facebook no necesita un editor, sino miles, incluso decenas de miles”, dice Ingram. Se refiere –y no es el único– a llevar la lógica de Wikipedia a Facebook. Entregar a usuarios comprometidos con la calidad y credibilidad de internet la tarea de verificar la veracidad de los contenidos, y generar un flujo de edición colectiva (wiki) transparente para el usuario. “En Facebook hay un servidor único de la información, a menudo desprovisto de contexto, no se sabe de dónde viene [el contenido], quién lo escribió o por qué te lo están mostrando”, afirmaba en un artículo reciente en el Financial Times Katherine Maher, directora ejecutiva de la Wikipedia Foundation. No parece que vayamos a resolver el problema solo con algoritmos, por lo que reservar un papel a los humanos parece razonable. Pero no a uno solo.

Surgirán soluciones técnicas que desaceleren el fenómeno de la posverdad

El propio Zuckerberg mencionaba la conveniencia de recurrir a terceros para introducir la lógica de la verificación en Facebook. Y algunos sugieren Twitter. Según datos recogidos por el FT, si más de un millón de personas compartieron en Facebook el bulo del apoyo papal a Trump, solo seis de los 150.000 usuarios más influyentes de Twitter lo hicieron, indicando que esta red es más eficaz en la detección y contención de las noticias falsas. Google ha financiado un hackathon [encuentro entre programadores] en Princeton para encontrar soluciones técnicas al problema de las noticias falsas. Eli Pariser, el “padre” de la teoría de la “burbuja de filtros”, está recopilando también ideas en torno a un documento de 58 páginas, iniciado también por Google. A Silicon Valley le preocupa la verdad, y nadie duda de que surgirán soluciones técnicas que desaceleren el fenómeno. Pero la velocidad con la que circulan las noticias falsas no es todo el problema.

El profesor Jeff Jarvis promueve, junto con el inversor John Borthwick (Betaworks), una interesante llamada a la colaboración en torno a 15 ideas que buscan “construir mejores experiencias online y una discusión más cívica e informada en la sociedad”. Rechazan también la idea de convertir a las plataformas en árbitros de la verdad, y sus propuestas se centran en armar al usuario con más información para que tome mejores decisiones y en pedir a Facebook, Google y Twitter que trabajen con los editores para reforzar las señales de calidad y autoridad en las redes sociales. Citan, entre otras iniciativas interesantes, al Trust Project (sobre la inserción de señales de calidad en la producción periodística digital) y al Coral Project (sobre nuevas funcionalidades para mejorar la calidad de la participación del usuario en la generación de contenidos).

“Sin fuerzas robustas que lo contrarresten a favor de la credibilidad y la veracidad, el algoritmo de noticias de Facebook seguirá difundiendo mentiras, especialmente aquellas que sirven para reforzar los sesgos preconcebidos de la gente”, cree Oremus, de Slate. Es lo que quiere mucha gente. Por eso, esas fuerzas “robustas” deben incluir al propio Facebook, y pasan por la caída del caballo de su todopoderoso consejero delegado. ¿Lo hará? “Una vez que el presidente de EE. UU., el de la Comisión Europea y la canciller alemana te critican, mientras China sigue sin dejarte entrar, quizás [Facebook] empiece a escuchar”, me decía hace unas semanas por Twitter Wolfgang Blau, director digital de Condé Nast Internacional y exdirector de Estrategia Digital del Guardian.

Pero muchos otros se mantienen escépticos. Filloux, en su newsletter del pasado 5 de diciembre, defiende que el modelo de negocio de Facebook –basado en la generación de páginas vistas para incrementar el volumen de sus ingresos publicitarios– es “incompatible” con el modelo y la naturaleza de los medios de información. No es el único que resalta que Facebook no tiene los incentivos suficientes para constreñir su –exitoso– modelo de negocio. La conversión de Zuckerberg, de producirse –por seguir con la hipótesis, ya veremos si se verifica–, nos llevaría en todo caso a un equilibrio de fuerzas diferente entre usuarios, plataformas y medios de información.

“El problema de las noticias falsas en Facebook podría terminar siendo una preocupación pasajera comparado con la línea divisoria que estos temblores han desvelado”, prosigue Oremus. “Pone de manifiesto una compañía crecientemente dividida entre su visión de sí misma como una plataforma tecnológica neutral y su innegable influencia en la creación, distribución y consumo de noticias”, afirma. El debate está abierto, y las mejores mentes éticas y tecnológicas de internet –incluidos los medios de comunicación– se han remangado. Y sin duda, merece la pena que también en España nos involucremos en la conversación global. Pero el dilema, desafortunadamente, no es si debe ser Facebook o un tercero quien arbitre la verdad en Facebook. O si deben hacerlo las máquinas o los humanos. La difusión polvorienta (de polvo y de pólvora) de los bulos en las redes sociales es un efecto indeseado de algo que forma parte del código fuente de la era digital: el arbitraje emocional de los contenidos en función de los sentimientos de un usuario soberano, tan libre por tanto de elegir la verdad como la mentira.

 

Fuente: http://www.cuadernosdeperiodistas.com/mundo-facebook-implicaciones-del-arbitraje-emocional-la-verdad-la-las-plataformas/

Trump y su gobierno replantean sus estrategias tras dos semanas de caos

Trump y su gobierno replantean sus estrategias tras dos semanas de caos

Fuente: https://www.nytimes.com/es/2017/02/08/trump-y-su-gobierno-replantean-sus-estrategias-tras-dos-semanas-de-caos/?smid=fb-espanol&smtyp=pay&smvar=timespteng

Los planes de inmigración de Trump podrían hundir el mercado de la vivienda en EEUU

¿Te comprarías una casa para vivir en un país en el que tienes la sensación de que te pueden echar en cualquier momento? Esa es la pregunta que se están haciendo miles de inmigrantes en estos momentos en Estados Unidos, indocumentados, pero también aquellos que residen de forma legal y tienen miedo a que cambien las leyes que regulan su estatus migratorio.

En esta situación se encuentran, por ejemplo un ingeniero de software indio que vive en San Francisco, y que acaba de cancelar sus planes de comprar una vivienda de 900.000 dólares. O en Washington, un brasileño que trabaja como ejecutivo para una empresa sin ánimo de lucro, que ha descartado reformar su casa. O en Arizona, un joven de 24 años hijo de indocumentados mexicanos, que logró una hipoteca de un banco, pero que ahora no sabe qué hacer por el miedo a las deportaciones.

Se trata de tres ejemplos citados por Bloomberg en un artículo en el que se relata la situación por la que atraviesan los inmigrantes en Estados Unidos y las consecuencias negativas que podría tener para el sector inmobiliario del país.

Caída de los precios

“Si Trump saca adelante el plan migratorio que tiene en mente, el mercado de la vivienda se verá golpeado como ningún otro”, advierte Alex Nowrasteh, analista político del Cato Institute. “Si miles de personas son deportadas y otros deciden no venir al país para ocupar su lugar, los precios de las viviendas serán presionados a la baja, especialmente en las áreas urbanas”, vaticina.

El mercado de viviendas para inmigrantes es habitualmente subestimado, entre otras cosas porque los indocumentados y las empresas para las que trabajan prefieren mantenerse fuera del foco público. A pesar de ello, la organización Migration Policy Institute calcula que un tercio de los 11 millones de inmigrantes no autorizados viven en una casa que ellos, su familia o algún amigo tienen en propiedad.

Según las estimaciones de Jacob Vigdor, economista de la University of Washington, los 40 millones de inmigrantes que hay suman 3,7 billones de dólares al total de la riqueza residencial del país. Al mismo tiempo, Vigdor explica que los extranjeros impulsan la demanda de casas, al mismo tiempo que reemplazan en el mercado laboral a la generación conocida como baby boomers, que comienzan a retirarse.

Foto: realtor.com

Preocupación entre los prestamistas

Los inmigrantes indocumentados pueden lograr hipotecas para adquirir viviendas a través de pequeñas firmas de préstamos, que les ofrecen créditos con tasas de interés algo más altas a las habituales.

Algunos de esos prestamistas están empezando a ponerse nerviosos ante la situación. Alterra Home Loans es un buen ejemplo de ello. Esta empresa ofrece hipotecas para inmigrantes indocumentados y legales en el área de Las Vegas. “Estamos procediendo con mucha cautela”, admite Jason Madiedo, presidente de la compañía, ante la posibilidad de que puedan enfrentarse a los impagos de los inmigrantes que podrían ser deportados.

“Tengo la sensación de que ante las medidas de Trump todo se lo pueden llevar, incluso mi duro trabajo”, comenta a Bloomberg Juan Rodriguez, de 24 años y cuyos padres se mudaron desde México cuando él tenia 7. Ahora, trabaja a tiempo completo para costear sus estudios universitarios.

El temor se ha extendido incluso a los inmigrantes con permiso de residencia (poseen lo que llaman una green card) y aquellos que cuentan con una visa H1-B, otorgada a trabajadores extranjeros de alta calificación. Si ellos también deciden no comprar vivienda por temor a lo que pueda ocurrir en un futuro no muy lejano, los mercados residenciales que se verán más afectados serán los de Miami, Silicon Valley, Los Angeles, San Francisco y Nueva York, que son los que tienen una mayor concentración de extranjeros con casas.

¿Quién construirá?

Pero el mercado puede verse también afectado desde otro punto de vista. Así lo ha asegurado a Yahoo Finance Lawrence Yun, economista jefe de la National Association of Realtors (asociación nacional de empresas inmobiliarias).

“Es ampliamente conocido, pero poco discutido en público, que hay muchos trabajadores indocumentados en la construcción. Con las restricciones en la frontera, podríamos enfrentarnos a una escasez de empleados al menos que Estados Unidos pueda producir gente con los conocimientos suficientes en construcción, carpintería, plomería…”, comenta.

En estos momentos el país ya sufre un déficit de profesionales en el sector de 200.000 personas, lo que supone un incremento del 81% en los últimos dos años, según datos de la National Association of Homebuilders.

 

Fuente: Yahoo

Niños blanditos

¿Mimamos demasiado a los pequeños? Una nueva ola de expertos aboga por endurecer su carácter.

Suma escolar: padres que llevan la mochila al niño hasta la puerta del colegio + padres que piden que no se premie a los mejores de la clase porque los demás pueden traumatizarse + padres que le hacen los deberes a los niños que previamente han consultado en los grupos de WhatsApp = niños blanditos, hiperprotegidos y poco resolutivos.

Cuenta Eva Millet, la autora de Hiperpaternidad (Ed. Plataforma), que ya hay niños que, al caerse, no se levantan: esperan esa mano siempre atenta que tirará de ellos. En ciertos colegios han empezado a tomar nota. Y, en algunos países, el carácter ya forma parte del debate sobre la Educación.

Esto no es la nueva pedagogía. Gregorio Luri, filósofo y autor del libro Mejor Educados (Ed. Ariel), suele recordar que la educación del carácter es tan tradicional en ciertos colegios británicos como para que haya llegado a nuestros días una frase atribuida al Duque de Welington: «La batalla de Waterloo se empezó a ganar en los campos de deporte de Eton». En los campos de Waterloo o en las canchas del mítico colegio inglés, cuna del establishment, ningún niño esperaba que le levantaran si podía solo.

En España, se habla de «educación en valores», pero puede que no sea lo mismo. El carácter se entiende como echarle valor, coraje, actuar en consecuencia cuando se sabe lo que está bien o está mal, no limitarse a indignarse. Como dice Luri, «ahora mismo en España les fomentamos la náusea en lugar del apetito». En su opinión, los niños de ahora saben cuándo se tienen que sentir mal ante determinadas conductas, pero educar el carácter es animarles a dar un paso, a ser ejemplo, a que sus valores pasen a la acción. Si están acosando a un niño, no callarse y protegerle. Decir no a la presión del grupo.

El carácter ha vuelto cuando se ha sido consciente de que podríamos estar criando a una oleada de niños demasiado blanditos. Con padres que se presentan a las revisiones de exámenes de sus hijos, que abuchean a los árbitros en los partidos y que han hecho el vacío a niños que no invitaban a sus retoños a los cumpleaños. «Yo he tenido a un chaval de 19 años que se me ha echado a llorar porque le suspendí un examen», cuenta Elvira Roca, profesora de instituto. «Le dije que no me diera el espectáculo. Vino su madre a verme y me dijo que había humillado a su hijo. Le tuve que decir que estaba siendo ella quien le humillaba a él».

COMO EN EL RUGBY

Nicky Morgan era ministra británica de Educación con David Cameron e hizo bandera de la educación del carácter. «Para mí, los rasgos del carácter son esas cualidades que nos engrandecen como personas: la resistencia, la habilidad para trabajar con otros, enseñar humildad mientras se disfruta del éxito y capacidad de recuperación en el fracaso», decía en su cruzada por extender ese tipo de educación, muy vinculada al rugby. Suena familiar. Suena a Si, el poema de Rudyard Kipling y su verso sobre la victoria y el fracaso, esos dos impostores a los que hay que tratar de igual forma, que figura en la entrada de la cancha principal de Wimbledon.
«Cuando una familia quiere que sus hijos no pasen las dificultades que pasaron ellos, la sociedad se vuelve más cómoda».

Alfonso Aguiló escribió Educar el carácter (Ed. Palabra) hace 25 años. No ha parado de reeditarse y traducirse desde entonces: «Tener buen carácter no significa estar todos cortados por el mismo patrón. Pero estoy seguro que casi todos nos pondríamos de acuerdo en que ser honrado, trabajador, generoso, justo, leal, empático, valiente, austero, recio y organizado son buenas cualidades». ¿Cómo se educa el carácter? No desde la teoría, desde luego. «La educación en valores es algo abstracto. Las virtudes son los valores integrados en la persona», explica.

Este veterano profesor confirma que tenemos ahora a generaciones de niños blanditos y no se escandaliza: «Son ciclos normales del desarrollo de una sociedad. Cuando una familia quiere que sus hijos no pasen las dificultades por las que sí pasaron ellos la sociedad se vuelve más cómoda, blanda, menos esforzada. Pasa también con los países». Según Aguiló, la educación del carácter no tiene que ver con el dinero y sí con el capital cultural de las familias, con el modo de transmitir cómo afrontar la vida: «He conocido a madres que limpiaban escaleras para que sus hijos llevaran unas zapatillas de marca y a gente de dinero que también los mimaba mucho».

En EEUU, la cadena de colegios KIPP, con tasas de éxito académico inéditas en las zonas donde se instalan, insisten en la educación del carácter como indispensable: «Trabaja duro. Sé amable», han resumido en los carteles enormes que decoran sus centros. En ese país, Angela Duckworth se ha convertido en la gurú del estudio de la personalidad. Tiene un laboratorio donde analiza qué rasgos hacen que los niños tengan éxito de mayores. Está tan ocupada que no da entrevistas, dice su equipo. Siempre cuenta que, pese a las buenas notas, su padre le decía que no se creyera especial. «La tendencia a mantener el interés y el esfuerzo para conseguir metas a largo plazo», la fuerza de voluntad, es el rasgo que, según Grit, su reciente best seller sobre el poder de la perseverancia, define a las personas con éxito. Ha trabajado en barrios marginales y ha estado en West Point, la academia militar de EEUU, analizando cómo eran los 1.200 cadetes que pasaban las durísimas pruebas iniciales. Niños a los que no levantaron del suelo cuando podían ellos solos.

Además de educar el carácter, hay que exigir más a quien puede más. Del mismo modo, hay que premiar al que da más. España es un país mediocre, porque hace tiempo que decidimos homogeneizar a los individuos enrasando por abajo. En un mundo globalizado eso es un suicidio asistido colectivo.

No veas como me mira toda la gente en la calle, cuando alguno de mis hijos se cae, y espero pacientemente a que se levante…

Un camerunés de 17 años que no tiene Internet en casa gana un concurso de programación de Google

Un camerunés de 17 años que no tiene Internet en casa gana un concurso de programación de Google

Por Néstor Parrondo

Nji Collins Gbah está acostumbrado a luchar contra los elementos y salir victorioso. Este joven de 17 años, procedente de un pueblo de Camerún, ha ganado el concurso de Google para jóvenes promesas de la programación. Al certamen se han presentado más de 1.300 candidatos de 62 países. La victoria de Nji no solo tiene mérito por haber derrotado a los más brillantes programadores junior del mundo, sino porque en su pueblo natal ni siquiera hay conexión a Internet. 

El milagro de Nji se debe a su brillante capacidad con los ordenadores y a OpenMRS, una plataforma abierta disponible en los países en vías de desarrollo de África y que permite a los médicos acceder al historial de sus pacientes.

Nji Collins Gbah (Twitter)
Nji Collins Gbah (Twitter)

Nji utilizó el ordenador del médico de su villa para completar los 20 desafíos que Google había planteado en el concurso de programación. En total, los participantes en la prueba tuvieron que realizar más de 6.400 tareas sobre documentación, interfaz de usuario y programación.

“Estaba muy nervioso”, asegura Gbah en el blog oficial de la competición. “Tuve que encontrar la forma de transformar mi nerviosismo en creatividad y diversión”. 

Un día después de terminar con la última tarea propuesta, el Gobierno de Camerún decidió cortar la conexión a Internet de la localidad de Bamenda, en la que reside este adolescente. La decisión fue completamente política, y se produjo después de que se realizaran dos protestas organizadas a través de la Red contra los políticos locales. Varias organizaciones sociales han denunciado los hechos como una vulneración de la libertad de expresión.

Pero a pesar de no contar con conexión, a las dos semanas del apagón Nji recibió la notica de que había sido seleccionado entre los 34 ganadores del concurso de Google. Todo un logro para un chaval que ha aprendido a programar sin asistir a una sola clase de esta disciplina: lo ha hecho viendo vídeos y asistiendo a seminarios online.

 

Fuente: https://es-us.finanzas.yahoo.com/noticias/un-camerunes-de-17-anos-que-no-tiene-internet-en-casa-gana-un-concurso-de-programacion-de-google-104523367.html

Los mejores consejos para vender tu auto

Si quieres vender tu auto, sigue estos prácticos consejos que ART CAR Design recomienda para que puedas aumentar el valor de tu auto y de esta manera venderlo mucho más rápido.

En la actualidad, la venta de autos usados es algo que en teoría resulta muy sencillo, ya que existen diferentes plataformas de Internet donde puedes ofrecer tu coche y que sea visto por miles de personas.

Pero muchas veces nos llevamos una buena sorpresa al ver que nuestro auto ha bajado considerablemente su precio y esto tiene que ver con aquellos detalles mecánicos y estéticos a los que no pusimos atención.

Por ello, es muy importante que tomes en cuenta lo siguiente:

  • Llantas en mal estado. Tu vehículo podrá lucir radiante y tener todo en orden, pero cuando alguien se fija en las llantas y encuentra chipotes, raspones y un montón de cosas, se pondrán a discutir. Además, esto afecta en el rendimiento general, tal vez tu auto requiere una alineación y balanceo. ¡Checalo!
  • Servicios a tiempo. Este es el consejo más importante para la vida de tu auto, pues no es que la gente dude de tu ética, pero lo ideal no es llevar al taller mecánico un coche con la pura intención de que pase la prueba para que algún inocente lo compre.

    El mal estado del carro y cualquiera de sus defectos se pueden agravar con el paso del tiempo. Lo recomendable es llevar tu auto a revisión cada 10 o 15 mil kilómetros. Y, por supuesto, ante cualquier avería repararlo.

Para que todo salga a la perfección y tu auto esté al cien a hora de la venta, está ART CAR Design; una taller mecánico integral en el cual puedas entregar tu coche con la mayor confianza y seguridad posible.

Además de ser 100% confiable, ofrece todo tipo de servicios, a un excelente precio y con la garantía de que tú no tendrás que preocuparte por llevarlo al taller y recogerlo, ya que ellos lo hacen por ti justo en la puerta de tu casa.

De esta manera, tu carro estará mejor que nunca y podrás sacar mayor provecho al momento de su venta del que esperabas.

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¿Tan guapa y sin pareja?

Tan guapa y sin pareja? Seguro debe estar sola, ser liosa, ser loca, estar mega chisqueada, es lesbiana, no tiene corazón, es una fría, es asexual, tiene problemas psicológicos, ha de ser peor que león enjaulado, mal carácter…

No señores, no todas, les informo que algunas decidimos vivir en la felicidad y plenitud de estar con nosotras mismas, descubrimos una forma de vivir en libertad, sin líos, sin sufrimientos amorosos, con mucho cariño de quienes nos rodean, para que decidamos dejar esta vida de comodidades e integrar a alguien a esta plenitud, debe de ser alguien que traiga calma, seguridad, interés, que realmente valga la alegría de convivir.

Somos mujeres que ofrecemos mucho, pero hay que tener la capacidad de despertar en nosotros ese deseo de querer ofrecer esa libertad a quien amamos, que no sea un amor con sabor a grillete, sino que sea una convivencia en donde se muestre el interés más allá de las palabras, señores, endulzar el oído cualquiera puede.
Somos mujeres que no buscamos el amor porque lo necesitemos, el amor, cuando llega nos encuentra, no lo necesitamos, pero lo incluimos si lo merece.

Los líos, los líos son para las mujeres que están escamadas con sus maridos o novios,con nosotras, las mujeres que ya alguna vez jugamos a la casita y no nos funcionó, lo que menos queremos en nuestra vida son dramas y líos, o estás o no en nuestra vida, pero sin el lío.

Somos mujeres que estamos acostumbradas a resolver nuestra vida, no te necesitamos para eso… De hecho, no te necesitamos en lo absoluto, esa es la parte interesante, que estás en su vida, porque ella decidió que eres el indicado para convivir…

La próxima ocasión que veas a una mujer sin pareja pregúntate, si estás preparando para una mujer así; si no, sigue tu camino…

¡Stand up!: el despertar de la sociedad civil en la era Trump

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Marione Ingram, de 81 años, sobreviviente del Holocausto nazi y refugiada alemana en Estados Unidos, se paró frente la Casa Blanca luego de las largas marchas contra las políticas migratorias del presidente Trump el domingo 22 de enero y alzó un cartel de cartón que decía: “Una sobreviviente dice nunca más a una prohibición”.

Ingram es la autora del Best Seller The Hands of War (Las manos de la guerra) y vive en Washington D.C.: “Yo creo que este presidente está mentalmente enfermo y rodeado de gente muy poderosa con agendas propias”. No tiene pelos en la lengua para hablar de Trump y su política de prohibir la entrada al país de emigrantes de siete países que él considera peligrosos: Siria, Irak, Irán, Sudán, Libia, Somalia y Yemen.

Ingram se sumó a las protestas porque entiende el miedo, lo vivió en carne propia cuando creció en la Alemania Nazi. Desde entonces juró dedicarse a la lucha social.

Marione Ingram

La prohibición de Trump del ingreso de personas por el solo hecho de ser de un determinado país movió a miles a protestar. Unió a personas de corrientes políticas muy diversas, desde las izquierdas más liberales hasta los conservadores católicos.

Luego del anuncio de la medida, decenas de abogados y traductores fueron a los principales aeropuertos del país en Boston, Washington y Nueva York a dar asesorías legales a quienes fueran detenidos. Uno de ellos fue la abogada Alexandra Ribe, hija de refugiados rusos y docente de la escuela de leyes de la Universidad de Georgetown: “No sabía que podía hacer, pero sentí que tenía que ir. Hablé con refugiados sirios que llegaron directamente al aeropuerto  de Dulles, no puedo imaginar su dolor. Escapan finalmente de la guerra, llegan a suelo americano ¿y les damos la espalda? Eso debe ser devastador.”

Ribe agrega que Estados Unidos es un país construido por migrantes, que creció en la diversidad, por eso la medida ha sido una bofetada directa al espíritu americano. No le cabe duda de que los hispanos van a ser el siguiente chivo expiatorio a perseguir. Sin embargo, tiene algunas razones para ser optimista y es que la gente está comenzando a hablar en voz alta: “Hay que ver cuántas personas fueron a la marcha de las mujeres, cuántas de estas se replicaron a lo largo del mundo. Trump no la va a tener fácil.”

Ingram afirma que la gente puede hacer mucho por resistir y le anima ver que cada vez más gente joven se suma a las manifestaciones de forma pacífica: “Esto solo se puede hacer a través de la no violencia. Cada vez que ellos hagan algo contra la sociedad humana, tenemos que hablar más alto.”

No le cabe duda de que van a venir más persecuciones, pero también la protesta civil va a seguir creciendo: “Hay gente que cree que esto no tiene que ver con ella, pero si van por tus vecinos y no haces nada, tú serás el siguiente. El silencio nunca te va a salvar, lo sé por experiencia (…) Hay que resistir toda forma de racismo y fanatismo, hay que levantarse por la otra gente, es nuestra responsabilidad humana: ¡Stand up!”.

Autor: David González M.

Extracto de: http://www.revistaarcadia.com/agenda/articulo/resistencia-civil-frente-a-donald-trump-en-estados-unidos/62031

 

Infancias difíciles: ¿Cómo cambiar nuestra forma de pensar acerca del trauma?

El escenario de la infancia suele ser reproducido en la vida adulta. No tiene por qué ser así.

Fuente: Aleteia

La generación de los teléfonos inteligentes, ¿nosotros también?

La generación de los teléfonos inteligentes, ¿nosotros también?

La generación de los teléfonos inteligentes, ¿nosotros también?

El video nos invita a «alzar la mirada», para buscar un encuentro y desde allí realizar una reflexión crítica sobre nuestra vida.

¿Será cierto que todo tiempo pasado fue mejor, como dice el eterno tópico literario? El video de hoy nos confronta y nos invita en esta línea a “alzar la mirada”, para buscar un encuentro y desde allí realizar una reflexión crítica sobre nuestra vida, sobre un serio problema que nos incumbe a todos: Las repercusiones de las nuevas tecnología en nuestras vidas (como whatsapp, facebook, twitter, etc.).

Tecnologías que a pasos agigantados generan cambios profundos en nuestros comportamientos y hábitos cotidianos. Comportamientos y hábitos que a su vez tienen la capacidad de facilitar o impedir una serie de dimensiones fundamentales de nuestro desarrollo personal.

No se trata de tomar una postura fundamentalista o tecnófoba ante el asunto (del griego phobos que significa miedo, terror), ni tampoco se trata de caer en el polo opuesto, es decir de adoptar una ingenua tecnofilía (que viene del griego philein  cuyo significado es amar), o en fin, de aceptar el punto intermedio, que sería una apática indiferencia frente al problema.

Más bien buscamos generar una sana postura crítica, que nos permita aprovechar de manera conveniente todo aquello que los grandes avances tecnológicos nos brindan para nuestro desarrollo integral como personas; y también, si es el caso, podamos rechazar todo aquello que nos lleva a traicionar o a sacrificar la auténtica vocación a la que estamos llamados, que en el fondo no es otra que la de amar y ser amados.

 

Es evidente que no todos los vientos que trae consigo el progreso tecnológico son cambios positivos.

Basta notar que muchas de aquellas actividades, costumbres, tradiciones, que menciona el video -esas que antaño hacían parte fundamental de nuestra infancia-, despiertan en no pocos una fuerte añoranza, una especie de nostalgia por querer revivir aquellas experiencias tan cargadas de humanidad.

O por el contrario también nos sentimos tristemente identificados con tantas de esas otras imágenes que en el video representan momentos de soledad, de abandono, de vacío, aun cuando tenemos entre las manos un teléfono o un computador que nos mantiene “conectados” .

Son aquellas experiencias que nos hablan de una serie de anhelos de comunión más profundos, que nos reclaman desde lo hondo de nuestro corazón algo distinto, un cambio. Anhelos que son evocados por una serie realidades pasadas que, sí, podemos decirlo, fueron mejores, y que algunos de nosotros tuvimos la oportunidad de disfrutar, cuando la tecnología aún no insidía de manera tan omniabarcante en nuestras vidas.

Es necesario, pues, desenmascarar desde un inicio el mito del progreso que nos vende que “todo lo nuevo por ser nuevo es mejor (es progreso)”. En realidad muchas de las experiencias humanas más hermosas… de amistad, de amor, de diversión, e incluso de soledad (en el sentido de recogimiento personal), requieren como condición de posibilidad para ser vividas (de manera profunda y auténtica), de una sana desconexión, de un sano un desapego, de una verdadera libertad, frente a la tecnología.

Las nuevas tecnologías que creemos dominar, por el contrario como denuncia el video, en la mayoría de las ocasiones nos han sometido a ritmos y estilos de vida que han falseado, reducido y hasta destruido, en no pocos casos, estas dimensiones fundamentales de la vida.

Artículo originalmente publicado por Catholic Link