El nuevo spot publicitario de las Olimpiadas de invierno que te hará llorar
Como en otras las ediciones de las Juegos Olímpicos, Procter and Gamble se encarga este año del spot publicitario sobre las Olimpiadas de Invierno de Pyeong Chang 2018. Este año es especialmente conmovedor ya que toca el tema de los prejuicios y los obstáculos a los que se tienen que enfrentar muchas personas debido a su raza, religión, condición socio-económica o discapacidad. Con el lema #LoveOverBias (#AmorContraDiscriminación), el spot envía un poderoso mensaje: Imagina si el mundo pudiese ver lo que una madre ve.
Es un mensaje que en esta época debe ser replicado muchas veces: ver con compasión a los que tenemos alrededor, comprender de dónde vienen, interesarnos por sus gustos y su personalidad puede cambiar la perspectiva de muchos. Es un mensaje también muy poderoso contra el bullying: todos somos diferentes, y el aceptar estas diferencias es lo que nos hace más humanos.
El agradecimiento a las madres es el tema central de estas piezas, y este año fueron un poco más allá: la labor de las madres (y de los padres también agregaríamos) va más allá de la motivación a estos futuros atletas, o incluso del sacrificio que supone para muchas familias el entrenamiento y preparación de todos estos jóvenes. La labor más importante de la familia es, en definitiva, el amor y el apoyo incondicional. El saber que, aunque los demás no te entiendan, aunque te vean diferente, siempre hay alguien que te mira con amor, que te entiende y que te acompaña cada paso del camino. Y ¡eso es un mensaje que vale la pena resaltar!
No estamos en temporada de bodas. Aún así son muchas las parejas que optan por la estación invernal para celebrar el día más importante de su vida. Aquí os traemos algunos de los pros de esta decisión.
Familia y amigos
Casarse rodeados de seres queridos y amigos, es, sin duda, uno de los aspectos más importes para los novios. Sentirte arropado de tu familia más cercana y de las personas que realmente te importan en uno de los momentos más bonitos de tu vida, es maravilloso, pero, lamentablemente, a veces esto se consigue y a veces no. La poca flexibilidad laboral que actualmente se da en los trabajos, y otras situaciones personales, impide a veces poder desplazarse para asistir a una boda importante. Resulta complicado bloquear fechas de viajes o reservar hoteles con tanta antelación y más aún en fechas tan demandadas como junio, julio o agosto. Aunque, una cosa está clara, algunas personas podrán o no desplazarse para asistir a una boda en primavera o en verano, pero lo que todo el mundo consigue es volver a casa por Navidad.
Navidad es una fecha señalada para estar en familia sí o sí. Hay mucho que celebrar y que agradecer. Por eso, todos los que están fuera hacen por volver, por reencontrarse, por verse… Es una fecha donde, con mayor seguridad, todos podrán y estarán más disponibles para celebrar vuestro gran día.
Decoración especial
Salvo que la boda tenga lugar en adviento, en cuyo caso la decoración de la iglesia será algo más austera y sobria, las bodas en Navidad están cargadas de color y simbolismo. Tras el 25 de diciembre, la iglesia transmite alegría a través de la decoración floral y de la luz. El altar, por ejemplo, se viste con un mantel más rico en bordados y se ilumina con velas. Las flores ocupan un protagonismo importante en todo el espacio. Ramas de abeto, flor de pascua, acebo, muérdago… a los pies del altar, escalera, rodeando los velones y al ambón. Sin olvidarnos del Portal de Belén.
Los fotógrafos, que son especialistas en capturar momentos y embellecerlos más si cabe, harán, sin duda, del momento ceremonia, un punto fuerte de todo el reportaje.
Mayor flexibilidad de fechas y sitios
Otra gran ventaja que tiene contraer matrimonio en los meses de invierno es que tendrás, casi con toda probabilidad, mayor facilidad a la hora de fijar una fecha en la iglesia que quieras, a diferencia de lo que ocurre en los meses más demandados de bodas (junio, julio y septiembre). Esto es algo muy importe porque podrás celebrar la ceremonia en tu parroquia de siempre. La que tiene significado para ti y para tu familia. Lo mismo sucederá con otras reservas importantes, el lugar de celebración, por ejemplo. Porque estas fechas, a todos los efectos, se considera temporada baja, con lo que tendrás más disponibilidad de sitios de celebraciones que en otra temporada y quizás, los precios, los notes incluso algo más económicos. Ventaja tras ventaja.
Looks de invitadas
No solo los grandes elogios, en cuanto a moda se refiere, se los llevan las invitadas de verano. Las galerías de Pinterest y los muros de Instagram están repletas de looks de invitadas perfectas con outfits invernales. Es cierto que encontrar la vestimenta correcta es algo más difícil que en primavera y en verano porque en estos meses hay más prendas que combinar, más detalles que entran en juego y que hay que tener en cuenta. Aunque no por ello es imposible acertar y triunfar.
Cobran importancia en los meses de invierno los complementos y los accesorios: estolas y guantes de color, sombreros especiales, vistosos broches, medias y pantis de fantasía… para dar un toque de color y diseño a vestidos algo más apagados o a abrigos que poco dejan ver. Al final se consiguen unos looks muy fotografiados, elegantes y estilosos con cientos de likes en redes sociales.
Interiores con encanto
En la elección del lugar de celebración suelen influir muchos factores: ubicación, capacidad, espacios exteriores, historia… Respecto a las capacidades, salvo que el sitio lo impida por falta de espacio exterior, los novios que se casan en los meses de primavera y verano, suelen elegir localizaciones que les permita una celebración al aire libre, sin tantas limitaciones en cuanto a número de invitados, contemplando las vistas o las zonas ajardinadas propias. Pero, en los meses de invierno, se suelen elegir lugares cuyos interiores son especiales por si solos, o porque con ayuda de una buena iluminación y decoración se pueden crear ambientes especiales que poco tienen que envidar a los exteriores.
Todos los años preparamos las fiestas de Navidad con antelación, a menudo a partir del mes de noviembre, justo después del Día de Todos los Santos. Para pasar unas bonitas Nochebuena y Navidad en familia, ¿en qué momento hay que colocar el árbol de Navidad? ¿Qué dice la tradición?
Rodeado de regalos, majestuosamente adornado con bolas y guirnaldas luminosas, el árbol de Navidad se decoraba originalmente con frutas, flores y dulces.
La costumbre apareció en Alsacia en el siglo XVI. Por entonces, los habitantes solo tenían autorización para talar los abetos a partir del 21 de diciembre y no los colocaban en sus casas hasta el 24 de diciembre. Más tarde, la tradición fue evolucionando. Algunos colocan la decoración de una a dos semanas antes de Navidad para conservarla bien hasta la noche de Navidad, otros siguen la tradición cristiana y toman el calendario de Adviento como referencia…
Colocar el árbol de Navidad al comienzo del Adviento, según la tradición cristiana
Según la tradición cristiana, es costumbre decorar el árbol de Navidad a partir del primer domingo de Adviento, (el 3 de diciembre de este año) y mantenerlo en casa hasta la Epifanía, el 6 de enero.
De hecho, si el abeto está allí para decorar y dar un ambiente cálido al interior de la casa, lo está sobre todo para acompañar este período de espera al nacimiento de Cristo.
Según la tradición ortodoxa, se prepara el 6 de diciembre, día de San Nicolás.
Colocar el árbol de Navidad 2 semanas antes del 25 de diciembre para conservarlo bien
Si escogemos un árbol artificial, no es ningún problema colocarlo un mes antes, pero la cosa cambia si es natural y en función de su variedad. Si opta por el “auténtico” abeto de Navidad, se recomienda adquirirlo dos semanas antes del 25 de diciembre, para que se conserve bien y resplandezca en el día D. Esto es especialmente conveniente para los árboles cortados y no plantados en macetas, porque se secan más rápido.
Colocar el árbol de Navidad justo antes de Navidad para aprovechar las ofertas
Por último, después de los criterios de la tradición y la conservación del abeto, hay que tener en cuenta el presupuesto que se tenga previsto.
Los árboles de Navidad son a veces más baratos cuando se compran una semana antes de Navidad, o incluso el día anterior, porque las tiendas están tratando de vender sus existencias. Si uno se arrepiente de no aprovecharlo más temprano, nada nos impide mantenerlo más tiempo después de las vacaciones.
Con materiales baratos y un poco de imaginación puedes lograr resultados sorprendentes
No hay nada mejor que crear un ambiente bien navideño en casa con muy pocas cosas y mucho amor. No hace falta gastar mucho dinero, lo más importante es la dedicación y el tiempo que pasamos junto a nuestros seres queridos para crearlas, porque al final es ese el mejor regalo que podemos dar y recibir, sobre todo en estas épocas en que todo corre velozmente con miles de tareas y cosas por hacer.
Aquí te presentamos algunas ideas de nosotros mismos, colegas del equipo de Aleteia. Son pequeñas ideas que queríamos compartir y nos gustaría mucho que tú también nos enseñes cómo dedicas un poco de tu tiempo en casa, con los tuyos…
Adornos para el árbol de Navidad
Carmen ha confeccionado junto a sus hermosos 6 hijos estos adornos muy simples para el árbol, hechos de fieltro, con bolas de plástico y servilletas, y palitos de helado.
Estos hermosos adornos están hechos con planchas o láminas de fieltro de varios colores, las partes centrales están rellenas con vellón y luego se cosen las partes entre sí con hilos de colores. Los demás detalles van pegados con cola.
Más adornos para el árbol
Estas lindas esferas están hechas con bolas de plástico que se consiguen fácilmente en negocios de manualidades. En el interior están decoradas simplemente con servilletas de papel con dibujos navideños.
El simpatiquísimo reno ha sido realizado por los más pequeños con palitos de helados pegados con cola. El resultado se pinta con acrílico marrón, mientras que los detalles de la cara están hechos con recortes de foami o goma eva.
Tarjetas de Navidad hechas a mano
Yo te propongo la siguiente idea: Este año he querido revalorizar algo que ya gracias a las tecnologías se va perdiendo: las tarjetas de Navidad enviadas por correo ordinario: dime si no es bello que en vez de recibir sólo facturas de tu cartero, te llegue una hermosa tarjeta hecha a mano…
Estas simples tarjetitas de Navidad son fáciles de hacer: el dibujo central se estampa con sellos de silicona trasparentes y se pinta con lápices de colores. Luego se recorta y se pega en una simple cartulina de color doblada en dos, adornada con estampas de sellos en color dorado o plateado y un pequeño moño color dorado.
No encontré una mejor descripción para retratar la vida al lado de una pareja impenetrable, que te deja la sensación de estar y no estar acompañada. No puedes asumirte sola porque compartes un espacio que es común, pero en lo profundo sí experimentas una gran soledad, como si convivieras con un fantasma que a ciencia cierta no sabes dónde anda, pero aun así logra atemorizarte.
Puede ser que al inicio de la relación, las cosas hayan ido bien y con el tiempo se tornaron muy distintas. O puede ser que siempre hubo una gran distancia y tú hayas creído que con tu amor y paciencia, él podría cambiar y hacer realidad tu ideal de estar en pareja.
Como muchas mujeres, al principio encontré poderosos argumentos que lo disculpaban, desde aquellos que me decían “así es él”, hasta otros que me invitaban a esforzarme creyendo que yo no era suficiente para despertarle una ternura y empatía ausentes. Al final nada resultó suficiente…, se me acabaron las buenas razones para quedarme.
Pero antes de tomar la dura decisión de irme, busqué explicaciones en su pasado para tratar de entender el origen de viejos traumas que no le permitían “entregarse”; adjudiqué entonces su proceder al estrés del día a día, producto de un trabajo extenuante y tantas necesidades que cubrir…, pero tampoco me convenció del todo. Yo también trabajaba largas jornadas y aun cansada me obligaba a no dejar que las dificultades me impidieran disfrutar de la vida a su lado.
Durante los años que estuvimos juntos no desistí de hacer propuestas para superar lo que en mi opinión era un problema que ambos teníamos que enfrentar. Sugerí desde terapia de pareja –a la que se negó rotundamente-, hasta realizar actividades nuevas para romper con nuestra cotidianeidad. Su complacencia era eso, sólo complacerme, pues desde su perspectiva no había algo malo entre nosotros que requiriera arreglarse. Sus “no” a mi necesidad de acercarnos me hacían dudar de su cariño. De vez en cuando le preguntaba ¿me quieres? La respuesta «aquí estoy, ¿no?» me animaba a continuar.
Hoy comprendo que no se trataba de tan solo estar, sino de cómo estar en la relación. Tuvo que pasar tiempo para que también entendiera que mantener una buena relación de pareja precisa de una constante inversión de ambas partes, y que uno solo es incapaz de mantener “el barco a flote”. Con frecuencia me sentía muy confundida porque en ciertas áreas de nuestra vida hacíamos una buena mancuerna. Resultábamos los socios perfectos planificando un trayecto conjunto a largo plazo.
Pero la vida con alguien no se reduce a eso; hay más en esta que no había entre nosotros. Le faltaba esa conexión que te hace sentir que existes en y para el otro. Ciertamente me sabía importante para él, lo que no significaba que yo importara mucho. Me daba cuenta de que yo ocupaba el último lugar en su lista de prioridades, por lo que mostrarse poco disponible para acompañarme, apoyarme y darme su consejo resultaba dolorosamente esperable.
Lo que yo tenía y quería decirle, “lo muy mío” –mis sentimientos, planes y proyectos-, suscitaba en él la misma respuesta emocional que si estuviéramos conversando sobre el clima en Australia. De su lado además, tenía que enfrentar una gran resistencia si yo pretendía indagar “de más” en su mundo. Se trataba de un monólogo, que fugazmente alcanzaba para transitar al diálogo.
Al tiempo entendí que daba lo mismo si estaba triste, frustrada, enojada o deseosa de seguir tratando de cambiar. Hoy creo que su incapacidad para advertir (me) –léase mirarme– “las pequeñas” diferencias en mi estado de ánimo, descansaba en una actitud de abierta indiferencia –que siendo justa, en ningún momento rozó la hostilidad. No importaba lo que yo hiciera o dejara de hacer para sumar en nuestra relación, él no lo notaba. Al principio estaba segura de que lo hacía a propósito, quizá hasta como una especie de venganza, sin lograr descifrar cómo era posible que ese fantasma no viera lo que me estaba sucediendo, lo que nos estaba sucediendo… y entonces me preguntaba: ¿pero por qué…?, buscando en él la respuesta.
Después y gracias a toda la ayuda que recibí, escalé a otro nivel desde el cual mis reflexiones se enfocaron más en mí que en él. Desde ese inexplorado lugar, pude ver que en mis argumentos él siempre estaba en primer plano, repitiendo irónicamente aquello de lo que lo acusaba. Pude empezar a desenterrarme en una historia en la que quedaba sepultada por el peso del personaje principal que seguía siendo él, tal y como yo lo había decidido en apego a un guion del que quería tomar distancia, pero al que obedecía ciegamente.
Sin advertirlo con claridad, había iniciado un viaje sin retorno. Conocía de memoria las carencias de mi pareja y por mucho tiempo había dirigido mis energías a satisfacerlas, con la firme creencia de que una vez hecho este trabajo, emergería un hombre nuevo –aun sin él desearlo-, que no me rechazaría, ni me abandonaría.
El fracaso en ese intento me obligaría a buscar en otra parte: en mi interior.
Permanecer en una relación en la que no existe una vinculación emocional, por más empeño que hayamos puesto en construirla, exige una gran valentía. Todos los días hay que enfrentarse a un doble fantasma; uno que está enfrente y en el que colocamos un sinfín de expectativas que él/ella no puede o no quiere satisfacer, y otro alojado dentro de uno mismo, un fantasma que nos empuja a no claudicar con la falsa idea del control del cambio ajeno. Asimismo, para irse de esa relación, se requiere de valor y fortaleza para enfrentarnos a nuestros miedos y creencias, asumiendo la responsabilidad de nuestras decisiones.
Se trata de un proceso que no necesitamos transitar en soledad.
La energía de la Ciudad de México es infinita, por algo, es de las ciudades más importantes, y no le pide nada a las metrópolis más reconocidas del mundo. Pero eso también le imprime un ritmo muy apresurado, capaz de agotar a cualquiera.
Así que si buscas bajar un poco la velocidad y darle un pequeño giro a la rutina, recupera energías en uno de los 6 Pueblos Mágicos que seleccionamos para ti.
Continúa leyendo esta cuenta regresiva, y en vez de invertir 3 horas en atravesar el periférico, úsalas para descubrir tu nuevo lugar favorito.
6. Tequisquiapan
¿Dónde está?
En el estado de Querétaro, en la región vinícola del centro de México. Tequisquiapan está a 180 km de la CDMX, por lo que te tomará alrededor de dos horas llegar por carretera.
Por el ambiente de tranquilidad y paz que se vive en la región. Tequisquiapan es un pueblo ideal para la relajación y convivir con la familia. Pasea por la plaza central, con su agradable kiosko frente a la Parroquia Santa María de la Asunción mientras visitas tiendas de artesanías. La región es conocida por sus vinos y quesos, e incluso hay un museo dedicado a ellos. Cada mayo se lleva a cabo la Feria nacional del Queso y el Vino, por lo que es un gran momento para visitar Tequis. En los alrededores hay muchas opciones de cosas a hacer, como los balnearios de aguas termales, cuatrimoto e incluso vuelos en globo aerostático.
Dónde dormir en Tequisquiapan
Hotel La Veranda
Tequis cuenta con una buena oferta de alojamiento. Un ejemplo de ello es La Veranda, un hermoso hotel con precios muy adecuados que cuenta con amplios jardines, alberca, restaurante e incluso te permite traer a tu mascota.
5. Orizaba
¿Dónde está?
En el oeste de Veracruz en plena Sierra Madre Oriental, a los pies de la montaña más alta de México a la cual le da su nombre: Pico de Orizaba. Toma cerca de tres horas ir desde la CDMX.
Foto Rey Perezoso CC BY
¿Por qué vale la pena ir?
Orizaba es un lugar que te sorprenderá con su bello centro colonial, sus parques y su paseo a orillas del río, además de las vistas al volcán Citlaltépetl con sus más de 5,700 metros de altitud. Incluso es posible subir la montaña con la ayuda de varias agencias especializadas. En el pueblo, visita la herencia francesa que se refleja en su bello palacio municipal y el Palacio de Hierro principal ejemplo de arquitectura art nouveau en México, diseñado por Gustave Eiffel. Visita el pueblo durante mayo y junio para asistir a la famosa Feria del Libro, o el 6 de octubre para celebrar la memoria del más famoso local Francisco Gabilondo Soler, mejor conocido como Cri-Cri.
Dónde dormir en Orizaba
Hotel Misión Orizaba
En pleno centro se encuentra el Hotel Misión Orizaba. Situado en un edificio colonial, este hotel es una excelente opción debido a la comodidad de sus habitaciones y variedad de servicios como restaurante, alberca y áreas verdes y patios muy agradables para tomar un café o una copa.
4. Valle de Bravo
¿Dónde está?
En el oeste del Estado de México a orillas del Lago de Avándaro, Valle de Bravo está a solo 145 km del centro de la Ciudad de México. Es un destino ideal para un puente o fin de semana, pues te tomará solamente dos horas manejar hasta la orilla del lago o tres horas en autobús.
Porque tiene algo para todos. Camina por las calles del pueblo comiendo una deliciosa nieve local mientras paseas entre casas blancas con techos de teja; visita el mercado de artesanías para comprar cerámica o textiles otomíes, así como hierro forjado y cestería. Si lo tuyo son los deportes de aventura,este es el lugar para ti: en el lago puedes hacer pesca, vela y esquí acuático. En los alrededores hay tres campos de golf, rutas de bicicleta de montaña y sobre todo vuelo en parapente o ala delta, con el que podrás disfrutar las maravillosas vistas del lago y las montañas que lo rodean. Si visitas Valle de Bravo entre noviembre y marzo no olvides ir a los bosques de alrededor a ver la migración de la mariposa monarca.
Foto Secretaría de Turismo del Estado de México
Dónde dormir en Valle de Bravo
Hotel El Santuario
Valle tiene una amplia selección de hoteles para todos los gustos. Pero uno de nuestros favoritos es El Santuario, un hotel único que se encuentra en una montaña a orillas del lago. Todas las habitaciones tienen alberca privada y vistas al lago; además de contar con servicio de Spa, temazcal, terapias espirituales y actividades deportivas.
3. Taxco
¿Dónde está?
En el norte de Guerrero, a menos de tres horas por carretera de la Ciudad de México. Taxco se encuentra rodeado de montañas y cerros, de los cuales se extraía la plata por la que es famoso a nivel mundial.
Porque es un pueblo que ha preservado su encanto colonial y no ha dejado que nuevas construcciones modernas alteren las vistas de la ciudad. Sus callejones y casonas son ideales para perderse en caminatas para explorar plazuelas y miradores. Las mejores vistas del pueblo se ven desde su teleférico. El templo de Santa Prisca con sus altas torres en estilo barroco, sirve como centro de referencia cuando se camina por el pueblo, pero no es el único edificio que vale la pena visitar. También están el Ex convento de San Bernardino, la Casa Humboldt y el Templo de San Miguel, entre otros. Si te gusta probar algo diferente la especialidad local son los jumiles, pequeños insectos que incluso tienen su propia celebración: La Feria del Jumil llevada a cabo cada mes de octubre y la primera semana de noviembre.
Foto por Yankara CC BY
Dónde dormir en Taxco
Hotel De Cantera y Plata
La mejor opción es De Cantera y Plata, en una casa colonial con vistas panorámicas al pueblo. Quédate en una de sus 10 suites, disfrutando de su delicioso restaurante o toma una copa de vino disfrutando del paisaje.
2. Tepoztlán
¿Dónde está?
En la parte norte de Morelos, justo a las puertas del Parque Nacional El Tepozteco. El Pueblo Mágico de Tepoztlán se encuentra a solo unahora y media manejando desde la CDMX.
Razones para visitar Tepoztlán sobran. Su clima es envidiable, las calles del pueblo son muy agradables para caminar y las montañas que lo rodean son espectaculares. Debido a que es el lugar de nacimiento de Quetzalcóatl el pueblo tiene una energía especial, por lo que muchas personas vienen a meditar, relajarse y recargar las pilas. El mejor sitio para esto es en la cima del cerro El Tepozteco, en el templo dedicado al dios del pulque. La caminata no es fácil pero las vistas desde la cima son imperdibles. En el pueblo también vale la pena visitar el Templo de la Natividad, cuya entrada está decorada con imágenes hechas a bases de semillas, cuyos diseños cambian cada año.
Foto Cordelia Persen CC BY
Dónde dormir en Tepoztlán
Hotel Boutique Casa Fernanda
Hay hoteles y posadas para todos los bolsillos y gustos. Nuestro favorito es el Hotel Boutique Casa Fernanda, con 12 habitaciones, un Spa especializado en tratamientos holísticos entre los que puedes envolverte en chocolate, vino o lichi (al parecer los baños de burbujas ya son muy mainstream).
1. Malinalco
¿Dónde está?
Al sur de Toluca, en el Estado de México. A solamente 97 kilómetros del D.F. la ruta en coche te toma menos de dos horas.
¿Por qué vale la pena ir?
Además de tener una deliciosa temperatura promedio anual de 20 grados centígrados, Malinalco es un pequeño Pueblo Mágico donde se ve el pasado indígena y colonial de México. Sube al Cerro de los Ídolos para visitar el Santuario de los Guerreros Águila y Jaguar, esculpido directamente en la roca. De regreso en el pueblo encuentras el Ex convento Agustino, decorado con hermosos murales indígenas mostrando plantas nativas de importancia cultural para los locales. Cada miércoles se lleva a cabo un tianguis donde se venden artesanías, obras de barro, cuero y madera.
Foto Enrique López-Tamayo Biosca, CC BY
Dónde dormir en Malinalco
Hotel Casa de Campo
En línea con los paisajes y energías de Malinalco, el Hotel Casa de Campo te permite entrar en contacto con la naturaleza para relajarte con sus jardines y vistas. Es un hermoso hotel de solo seis habitaciones, el cual tiene terrazas para asolearte con vistas a las montañas así como una palapa-bar y restaurante.
Nos encontramos en la encrucijada de una época en que se ha llegado a “situaciones límite”; por ejemplo: se niega el derecho a la vida del bebé en camino de nacer; se persigue y se tiene a restringir a su mínima expresión el derecho a la libertad religiosa; se ha disminuido la natalidad en forma drástica, se fomenta en los jóvenes la sexualidad desenfrenada, se tiende destruir a la familia, a legalizar la eutanasia, el consumo de drogas, las matrices en alquiler…
Nunca como antes se ha hablado de “derechos”, de “libertad” y de “tolerancia” y
quizá como nunca se niega el derecho a disentir, a tener una opinión diferente y
ser respetado de forma ecuánime ante esa otra postura. Quienes escriben acerca
de la “apertura de mente” se convierten en los individuos “más cerrados” a
escuchar una visión diferente. Se mira con prejuicio y beligerancia a los que no
están de acuerdo con lo que está ocurriendo en nuestro tiempo.
Parecería que los valores de nuestra civilización se han desfondado, que se han
venido abajo, y se proclaman a los antivalores como una nueva norma de
conducta.
No faltan personas que, ante este estado de cosas, se vuelven pesimistas; caen
en el desánimo, en la tristeza; prefieren permanecer en silencio y pasivas, como
diciendo: “Esto ya no tiene remedio, ni modo”.
Precisamente hoy y ahora es el tiempo de los retos y desafíos. Porque la labor de
los ciudadanos es volver a sembrar esos valores que han hecho grande a nuestra
sociedad. No caben las visiones catastróficas ni negativas. Es la hora de una
dinámica acción ciudadana.
Se comenta que en muchos países de Europa en llegado al “suicidio demográfico”
donde ya no hay generaciones de relevo y se tiene que acudir al trabajo de los
inmigrantes. Por ello, hemos de amar apasionadamente la vida humana desde el
momento de la concepción hasta su muerte natural y permitir que los hijos de las
familias proliferen.
Ante el materialismo consumista que sólo busca el placer inmediato –aquí y ahora-
es el momento de señalar que la adquisición inmoderada de esos bienes
materiales conduce al vacío, a la insatisfacción y es necesario explicarles a esas
personas que han perdido de vista la importancia de los valores trascendentes,
como: la búsqueda de la Verdad, de la Bondad, de la Belleza y de todo aquello
que hace más pleno y enriquece espiritual e intelectualmente al ser humano.
En la imagen, «Salvator Mundi,» el último cuadro de Leonardo da Vinci en manos privadas en una exposición para medios en la subasta de Christie’s en Nueva York el 10 de octubre de 2017.
Por Chris Michaud
NUEVA YORK (Reuters) – El retrato de Cristo «Salvator Mundi», pintado por Leonardo da Vinci, se vendió el miércoles por un récord de 450,3 millones de dólares en la casa Christie’s en Nueva York, más del doble que la marca anterior para una obra de arte en subasta.
El cuadro, que una vez fue vendido por apenas 125 dólares, reapareció recientemente. Era el último da Vinci en manos privadas y logró más de cuatro veces los 100 millones de dólares estimados por Christie’s antes de la subasta.
El récord anterior lo tenía la obra «Les Femmes D’Alger» de Pablo Picasso, vendida en 179,4 millones de dólares en mayo del 2015.
«Salvator Mundi» (Salvador del Mundo) fue adquirida por un comprador no identificado que participó por teléfono en la puja que apenas duró 20 minutos en la casa de subastas de Nueva York. Christie’s solo dijo que el comprador era un coleccionista privado europeo, pero medios lo identificaron como el multimillonario ruso Dmitry Rybolovlev.
El retrato restaurado, una representación etérea de Jesús que data aproximadamente del año 1500, es uno de los menos de 20 cuadros conocidos del artista del Renacimiento que aún existen.
Registrado por primera vez en la colección privada del rey Carlos I, la obra fue subastada en 1763 antes de desaparecer hasta 1900, para cuando se había repintado el rostro y el cabello de Cristo, una práctica «bastante común» anteriormente, según Alan Wintermute, especialista senior de Christie en pinturas de los Antiguos Maestros.
Vendida en Sotheby’s a un coleccionista estadounidense en 1958 por solo 45 libras (unos 126 dólares en ese momento), volvió a ofrecerse en 2005 como una copia de la obra maestra. La obra es el primer descubrimiento de un cuadro de da Vinci desde 1909.
El nuevo dueño comenzó el proceso de restauración y tras unos seis años de investigación el cuadro fue autenticado como la obra maestra de da Vinci de más de 500 años de antigüedad, culminando en una exposición en la Galería Nacional de Londres en 2011.
Estamos perdiendo las palabras, poco a poco, héroe es solo un ejemplo. El mecanismo que se describe a continuación opera con muchas otras palabras. Dejadme empezar con una interesante historia que, además de cargar de significado esta palabra, nos introduce en el valor supremo que representa el lenguaje.
En 1971 el profesor Philip Zimbardo lideró al equipo que realizó el famoso experimento psicológico de Stanford, en el que intentaron reproducir las condiciones de vida de una prisión. Mediante un anuncio reclutaron a 24 jóvenes sanos y estables mentalmente, a la mitad les asignaron el rol de prisioneros y a la otra mitad el de guardias. Al sexto día tuvieron que suspenderlo, la vida en aquel simulacro de prisión se había degradado hasta términos insoportables, los guardias sometían a los prisioneros a todo tipo de vejaciones físicas y maltratos psicológicos, y estos por su parte se amotinaron en primera instancia y luego terminaron enfrentados entre sí. Todos se sintieron identificados y legitimados a través de su rol.
Algunos guardias, en las entrevistas posteriores, confesaron la desazón que les había causaba el comportamiento agresivo de sus compañeros con los presos; pero no se atrevieron a manifestarlo, y menos a enfrentarse a ellos, bien por miedo físico o para evitar la ira del grupo.
El año 2010, cuatro décadas después, el propio profesor Zimbardo pone en marcha The Heroic Imagination Project para investigar y visibilizar a personas que, en situaciones similares a las que vivieron los guardias, si que actúan frente a lo que consideran injusto o indigno, asumiendo un riesgo físico o la ira del grupo. Zimbardo comienza a reunirse con estos héroes, o con sus familiares y amigos, pues algunos murieron como consecuencia de su acción. Su pretensión es desentrañar el significado y el valor de la palabra héroe, reconocer a las personas que actúan como tal, y inspirar a otras para que tomen ese camino llegado el momento.
Un héroe, desde la antigüedad, es quien hace cosas extraordinarias impulsado por sus ideales y valores. Además, lo hace por iniciativa propia y asumiendo riesgos de los que escaparíamos el común de los mortales. Los héroes contemporáneos que investiga Zimbardo siguen respondiendo a estas características.
Aunque, según los medios de comunicación, un héroe puede ser infinidad de cosas más. Por ejemplo quien resiste ante situaciones adversas que le vienen dadas con una actitud encomiable. O quien es parte de un grupo al que se atribuyen nobles ideales. Ser socio o cooperante en una ONG no basta para ser un héroe; el heroísmo es individual y, suele cuestionar al grupo o asumir riesgos de los que este no sería capaz. Pero, lo más disonante es llamar héroe a quien tan solo hace bien su trabajo, como un deportista. Y esperpéntico, aunque común, es considerar héroe al niño que se toma el desayuno sin rechistar y va al colegio silbando; como hace la publicidad. La palabra héroe se ha degradado, ahora, el que no es héroe es porque no quiere.
¡Qué más da! pensarán algunos, mejor todos héroes, para un cosa que es gratis. Pero hay dos pequeños inconvenientes. Al bajar el listón se vacía de contenido la palabra, lo que antes definía algo ya no define nada. Y, cuando ser héroe se abarata tanto, los que siguen pagando tan caro el hecho de serlo pasan a ser tratados como idiotas o locos.
Además, al diluir una palabra se diluye su cualidad, en este caso la heroicidad; ni las gestas “heróicas” de Messi en el campo de fútbol, ni el hijo modélico que desayuna sin rechistar, nos pueden cubrir ese vacío.
La heroicidad suele ser el último reducto de la dignidad humana. Cuando un grupo, o una sociedad entera, se adhiere acríticamente a postulados totalitarios o racistas, por poner un ejemplo, lo único que queda a lo que agarrarse son las actitudes heroicas, las de quienes plantan cara al grupo y se enfrentan a su ira. Un solo héroe termina redimiendo muchas veces a miles de personas que callan o no se atreven. En una situación más cotidiana, la persona que arriesga su vida entrando a una casa en llamas, no solo hace algo bueno por quienes están dentro, también por todos los que conocen su hazaña.
“Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”
–Ludwing Wittgenstein, filósofo y lingüista.
Héroe, democracia, libertad, solidaridad, fascismo… las palabras son ya solo otro recurso comercial que se consume de forma compulsiva e insostenible. Tanto la política, como la publicidad y la información de baja calidad, mayoritaria a día de hoy, se afanan en devorarlas para satisfacer sus intereses. Y después, cuando los demás necesitamos usarlas, comprobamos con impotencia que no definen nada, o lo definen todo, que a la postre es lo mismo. De este modo se va difuminando el horizonte que nos abre lenguaje, y eso estrecha nuestros límites particulares y los del mundo que construimos al juntarnos con los demás.
Es un tarea urgente, vital, recuperar el significado genuino de las palabras, escapar como alma que lleva el diablo de esas cajas de resonancia donde se celebra la siniestra ceremonia de la destrucción del lenguaje. Por entretenido que nos parezca el espectáculo, es bueno que al apagarse los focos nos planteemos que ganamos con todo eso. También es verdad que ahora los focos no se apagan nunca; por lo que hacer balance se está volviendo un acto “heróico” cuando resulta tan cómodo y sencillo bailar eternamente al son que nos marcan.
Hay una tendencia, exasperante para mi gusto, de explicar los asuntos políticos desde un enfoque sentimental. Las complejas relaciones entre ciudadanos, instituciones y países, se simplifican y se equiparan con lo que ocurre en el seno de un pareja, de un hogar o un grupo de amigos. Además, los que abusan de estas comparaciones, se creen asistidos por una lógica natural irrefutable. Y llega un punto en que la política se limita a quererse, odiarse, maltratarse, reconciliarse,… como si fuera la casa de Gran Hermano.
Una gestión adecuada de lo emocional tiene virtudes didácticas y ayuda a cohesionar una sociedad. Que tres millones de personas vivan con seiscientos euros al mes suena abstracto y frío. Pero los dificultades económicas de Isabel para mantener a tres hijos nos acerca al problema de un modo concreto; y quizás sirve de acicate para que apoyemos políticas que amparen a Isabel, y de paso a los otros tres millones de personas.
Las metáforas son un puente sencillo para entender lo complejo. Un chiste sobre vascos puede transmitir, de modo divertido, información con alguna base sociológica. Pero si confundimos el chiste con el conjunto de la realidad, la simplificación se convertirá en una caricatura plagada de tópicos perversos.
Ahora mismo, el tema de Cataluña está repleto de metáforas emocionales simplistas; la solución sería más amor, más odio, mejor amor, otro tipo de amor… Envidio la capacidad de algunos para desarrollar sentimientos tan profundos hacia tanta gente a la vez. Dicen que Julio Iglesias se ha acostado con tres mil mujeres; yo no tengo amor para tanta gente, tampoco odio; lo que sí tengo es respeto, y no exijo condiciones previas.
Cuanto más íntima es una relación más imprescindibles son los afectos. En cualquier familia existen unas normas no escritas, aunque solo los afectos son capaces de legitimarlas. A medida que los grupos crecen, y se hacen más diversos, la conexión emocional se debilita y emergen las normas como referencia común.
A veces es preferible ir al dentista que a una reunión de la comunidad de vecinos, el roce no siempre hace el cariño. Pero hay que ir; y el trato distante ente los vecinos no puede ser la base sobre la que se gestionen las necesidades del edificio.
Las relaciones, como los terremotos, tienen un pequeño epicentro, allí están las relaciones personales, que son intensas y están cargadas de emocionalidad. Luego está su enorme radio de acción, que abarca una gran variedad de relaciones sociales que son más frías, cerebrales y normativas a medida que se alejan del epicentro.
Imaginad que fuera al revés, que dentro de casa nos tratáramos como cuando vamos a entregar un impreso a la seguridad social. O que las relaciones en la oficina de la policía municipal fueran intensas y viscerales, un melodrama continuo con los policías animando del cotarro.
Las cosas no significan lo mismo para todos.
La palabra “madre” significa algo muy concreto en nuestra casa; pero en el espacio social hay muchos tipos de madre, e infinidad de maneras de no ser madre. Tampoco nuestra madre es igual que otras madres que nacieron quinientos, o diez mil kilómetros más allá. Del mismo modo, existen más tipos de amor que los que somos capaces de aprender y de entender; y hay muchos más dioses, creencias y escepticismos de los que invocamos en la soledad de nuestra habitación. Y las patrias que salen en los mapas, tan solo son una ínfima parte de las que la gente lleva consigo.
Pretender que nuestra particular manera de entender y relacionarnos es, o deber ser, común a todos los demás, significa que negamos a los diferentes su hueco en el espacio social y político. El abuso de las metáforas sentimentaloides por parte de la política provoca un reduccionismo que, más que la a convivencia, incita a la exclusión.
Una sociedad, para mi, debe promover la diversidad, como soporte para el desarrollo individual, el colectivo; y de la convivencia. La política, en sus distintos enfoques, tiene la misión de buscar el común denominador donde las distintas formas de afrontar la viva sean cuando menos compatibles, siempre desde la base del respeto.
Aceptar al diferente es un acto más racional que visceral.
En nuestra memoria animal siguen pesando los milenios que sobrevivimos en grupos diminutos enfrentados a un entorno hostil. Solo desde la racionalidad hemos logrado ir aplacando esos instintos para ser capaces de convivir en grupos cada vez mayores e interconectados entre sí. Pero esa llama sigue ardiendo en el interior de todos nosotros y, a nada que alguien la avive, se convierte en fuego devorador. Donde hoy, gracias a la razón, vemos amigo; mañana, si se enciende ese instinto, puede aparecer el peor enemigo.
Para este propósito de convivencia no ayuda en absoluto que la política sea otro show más, en poco difieren los programas de cotilleo y los debates políticos que inundan las cadenas. Ambos buscan dirigir los argumentos al epicentro de lo íntimo para tener al público atrapado en un carrusel de giros dramáticos. El objetivo de fondo también es el mismo; vender a través de la publicidad.
Los célebres “zascas” son la máxima expresión de una tendencia que conduce a la política al despeñadero de la inutilidad. Se reparten “zascas” para todos los gustos, es tan fácil como decirle a un público determinado lo que quiere oír. El “zasca” se vale de esas metáforas tramposas que trasladan lo íntimo al espacio de lo político, para que los argumentos parezcan verdades irrefutables. También explotan algo tan humano como la contracción; siempre añadiendo unas gotas de cinismo.
Sobra épica, falta lírica.
A falta de política tenemos épica, ofertas por doquier para enrolarnos en alguna cruzada para defendernos del invasor o lanzarnos a cortar la cabeza de los herejes. Demasiadas metáforas que son tan solo piedras arrojadizas, y muy pocas que nos ayuden a entendernos a nosotros mismos, y sirvan para comprender a todos los demás.
La política ya solo aspira a tener razón; o por lo menos a que se la den. Cabría preguntarse entonces; si los partidos se conforman con intentar ser lo protagonistas de una eterna discusión estéril (o tóxica), y han encontrado acomodo como un negocio que prospera avivando nuestra tendencia instintiva a la desconfianza, a la visceralidad, a confundir nuestra pequeña parte con el todo; ¿quién mueve entonces los hilos? Si es que realmente los mueve alguien.