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Se busca un humano decente para gobernar

Por Santiago García Álvarez

Se necesita “un ser humano decente”. Quizá este punto tan sencillo sea uno de los aspectos críticos necesarios para conseguir buenos gobernantes en el mundo actual. La solidez ética y moral de un gobernante tendría que ser un requisito previo a cualquier campaña, pues, si el candidato llega al poder y no cuenta con esos valores, el pronóstico es desesperanzador.

Como dirigentes de un amplio entramado social, los políticos requieren conocimientos, competencias, habilidades y, más olvidadas, pero quizá más necesarias, las virtudes humanas: prudencia, generosidad, humildad, modestia, paciencia, justicia, templanza, responsabilidad, orden, constancia, resiliencia, magnanimidad, sinceridad, caridad, veracidad, honestidad, valentía y un largo etcétera.

La lista de virtudes mencionada podría parecer exagerada. No lo es si tomamos en cuenta que en los liderazgos descansan decisiones sobre el bien común, recursos públicos, seguridad, salud, educación y tantos otros aspectos que pueden afectar a millones de personas.

¿Por qué muchos gobernantes actuales, incluso teniendo más estudios o tecnología para diseñar políticas públicas que en tiempos pasados, sufren tanto para consolidar buenos gobiernos? ¿No tendrá que ver la crisis de liderazgo político actual en el mundo con la falta de esas virtudes humanas fundamentales?

Basta ver las campañas políticas actuales para constatar que, en general, el foco del marketing, más que en los valores, se posiciona en el lugar o en la forma en la que el candidato vivió su infancia, en el apoyo a determinadas políticas públicas o en la capacidad de hacer de su propuesta un show mediático.

En la actualidad, además, esas estrategias de comunicación se centran fundamentalmente en intentar evidenciar los vicios ajenos.

Se necesita “un ser humano decente”. Quizá este punto tan sencillo sea uno de los aspectos críticos necesarios para conseguir buenos gobernantes en el mundo actual. La solidez ética y moral de un gobernante tendría que ser un requisito previo a cualquier campaña, pues, si el candidato llega al poder y no cuenta con esos valores, el pronóstico es desesperanzador.

Aristóteles se nos adelantó más de 25 siglos en decirlo: la primera virtud de quien ejerce el gobierno es, precisamente, una preocupación ética; implica esforzarse por ser él mismo un ser humano más virtuoso.

Encontrar perfiles idóneos para los cargos de gobierno se está volviendo una necesidad imperiosa. Curiosamente, es poco frecuente que nos fijemos en estos elementos tan importantes para conducir personas. Más aún, como sociedad, tendríamos que encontrar mecanismos educativos, comunicativos y sociales para fomentar el ejercicio de la virtud, la ética y la moral pues, si no existen en el tejido social, no esperemos que brillen en las personas que gobiernan.

Ningún gobernante podría disculparse de poseer en un mínimo grado virtudes humanas como las referidas. Más allá de la imposibilidad de “sacar 10” en todas las cualidades que requiere quien gobierna, sabemos que no sólo es deseable, sino posible, encontrar personas que consigan un buen equilibrio en sus fortalezas, se dejen ayudar con sus defectos y den juego a perfiles distintos que los complementen.

Es imprescindible, además, contar con la rectitud de intención de los involucrados para procurar el bien común. Esa rectitud es, quizá, la que convierte a la persona en un ser humano decente aunque, desgraciadamente, no suele ser verificable externamente, pues se encuentra escondida en el fondo de cada corazón.

Aunque, claro, al final del día, «por sus obras los conocéreis.»

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