Autor: Bertha Inés Herrerías Franco
Un libro que gana un premio literario puede tener clara sólo una cosa: que será controvertido. Es posible que venda mucho, que su autor sea reconocido, que tenga una amplia difusión, pero lo único seguro es que será criticado, independientemente de su calidad o la ausencia de ella. Esa controversia forma parte de la naturaleza de los premios, ya sea el Nobel o algún reconocimiento menor, y más allá del propio libro, los premios literarios tienen la virtud de impulsar la conversación sobre los libros lo que, de una u otra forma, beneficia a todos.
Eso ha ocurrido con el otorgamiento del Premio Planeta 2021 a La Bestia, novela firmada por Carmen Mola, seudónimo tras el que escriben tres escritores: Antonio Mercero, Jorge Díaz y Agustín Martínez. Que sea el premio más rico en español, que se otorgara a una autora con seudónimo, que la autora no fuera una sino tres, y que los tres autores fueran hombres ha causado un gran escándalo, como era previsible.
Anteriormente, Carmen Mola había publicado, con éxito, la trilogía La novia gitana, con la inspectora de policía Elena Blanco como protagonista. La novia gitana, La Red Púrpura y La Nena habían llamado la atención sobre la misteriosa autora a la que algunos llamaban la Elena Ferrante española. “Ella” se había presentado como académica universitaria e, incluso, había dado las razones para escribir bajo seudónimo que, por lo general, son las razones de todos aquéllos que han decidido escribir bajo un alias: la idea de que lo que importa es la obra, no el autor; mitigar el temor natural del escritor novato; temor ante el fracaso como ante el éxito; vergüenza a que se le identifique con personajes, temas, descripciones; posibilidad de un cambio brusco de vida; inseguridad ante el rechazo o la indiferencia, etcétera.
Cuando se dio a conocer su verdadera identidad muchos se sintieron engañados por esta creación, otros se indignaron por el cambio de género, a algunos más no les gustó la idea de una autoría colegiada, en fin, que no faltaron detractores frente a quienes se confirmaron fans de la inspectora Blanco y, por lo tanto, de Carmen Mola.
Es muy larga y antigua la historia de los seudónimos literarios (y será motivo de otro espacio), pero hoy las políticas de identidad de género y la corrección social, les han agregado cuestionamientos. En este ocasión estamos frente a un caso popular que tiene más de acontecimiento editorial y comercial que de literario y artístico; a pesar de las protestas (y, quizá gracias a ellas) de grupos feministas, todo apunta hacia un gran éxito de ventas, mientras ya se cocinan sus versiones televisivas y seriales.
Este escándalo en el mundo de los libros plantea algunas preguntas que exceden la obra en cuestión: ¿en las redes sociales, cuántos publican mensajes, opiniones, tuits, críticas sin usar sus nombres? ¿cuántos publican con identidades falsas? ¿cuántos hay con varias personalidades virtuales? ¿qué es real y qué es falso?, ¿un avatar es una sofisticada forma del seudónimo?, etcétera.
Preguntas que, como pistas en el camino, nos conducen hacia la nueva dimensión del metaverso, en el que la realidad y la ficción se mezclan, el autor y su obra se atraen y repelen, y las identidades se diluyen y confunden. Al final, cada obra encierra un misterio y su autor, un misterio mayor.
Fuente: Revista Mira Miraflores
